* SeMANa dE PasiÓN

Semana de Pasión

Por Daniela Violi
Barcelona, primavera de 2008

Semana Santa. De pasión. Que a veces la pasión se hace santa. Hago mi peregrinaje personal. Nunca he podido ser muy reglamentaria, ni formal, ni institucional. Cuando tratan de carnetizarme salgo corriendo como una loca y cuando Sinatra canta “My way”, la piel se me pone de gallina. A las gallinas la piel se les pone de gallina, obvio.
Regrets, I've had a few
But then again, too few to mention
I did what I had to do and saw it through without exemption
I planned each charted course, each careful step along the byway
And more, much more than this, I did it my way


Entro en mi catedral favorita, Santa María del Mar y visito a cada Santo, a ver si cada uno, con su don particular, me echa una manito. Empiezo de izquierda a derecha, como si lo hubiera hecho mil veces antes, cuando San Valentín era Eros (Cupido) y Artemisa (Diana), era "la diosa de la Luna y reina del Cielo" y protegía a sus fans el 15 de agosto. Comienzo por mi favorito, San Pancracio y le pido billetico que como dicen las abuelitas, ¡nunca alcanza! Paso por Santa Rita a ver si me deja ver con claridad, le susurro a la Santa Mare de Deu de la Empenta que me de un empujoncito y cierro con broche de oro con San Antonio y le negocio que mi próximo noviecito sea un papacito, que preferiblemente no venga del “Mercado de segunda mano”, y que si esto es pedir mucho, pues que no esté lleno de mañas, rabias, dolores ni neurosis… ¡qué ya se haya hecho terapia y esté sanadito! Pero por encima de todo, que sea cariñoso, buen conversador y risueño. Después de vivir muchos años en el Viejo Continente donde la gente lo tiene todo pero no ve nada, termina uno hiper-valorando a las personas que no se quejan, que creen en lo que no se ve y piensan en positivo.
Estoy segura que 2156 años atrás una antepasada mia hacía lo mismo: a Mercurio le pedía el don del habla, a Marte que le diera temple para ser una buena guerrera, a Dionisio que le donara capacidad de goce y un buen hígado, a Venus que no le hiciera salir celulitis ni barriguita y por supuesto, a Eros, que le cruzara por el camino a un semi-dios que fuera toda pasión, pasión por ella… ¿O esa antepasada era yo misma?

(Foto de Fredy Javier Ordoñez)

Sentada en un gradito junto a la Santa Mare de Montserrat, la Vírgen Negra, me acordé de ella, la gordita, que recibía en estos días la visita de su gordito que llegaba de ultramar. Un último tren para otro tren descarrilado. Llevaban ya muchos años juntos y él todavía no se la había follado porque –le decía y no era broma- que así de gorda como estaba ella a él no le provocaba. ¿Qué no se había visto en un espejo él? ¿Cuántos años más necesitaría la gordita para quererse, no mendigar amor y dejar de buscar un hombre como su padre? Pero tanto él como ella le decían a los demás que tenían novio, y así se mimetizaban en sus respectivas tribus y no perdían status, ni figura ni compostura. Es que no tener novio –o mejor, marido- a “determinada” edad, es sinónimo de:
- ser lesbiana
- ser histérica
- ser “rara”
- tener un problema
- ser jodida
- ser muy inteligente
- buscar la perfección y eso no existe
- ser fea
- ser muy bonita (la maldición de la belleza)
- todas las anteriores
(Entre más inmadura sea esa sociedad, más temprana es esa edad de exigencia marital).

Caminé hacía San José. Me conmueve San José porque ese si que amó ciegamente y como tocaba. Compré una velita y se la puse. Soy aries y le rindo pleitesía al fuego. Fuego de las pasiones. Si hubiera vivido en la Edad de Piedra, estoy segura que hubiera sido animista. O también lo fuí. ¡Yo qué se!
“San Giuseppe vecchierello,
cosa avete nel cestello?
Erbe fresche e fresche viole,
nidi, uccelli e lieto sole”.
(¿O era San Francesco? ¡Da lo mismo, igual eran dos grandes hombres!)

La maestra Maria Macchi me la enseñó cuando tenía 7 años y yo la recitaba como un lorito. Me descubrí artista por esos días, cuando pinté un cesto sensacional y todas las maestras trataban de chantagearme para que confesara que lo había calcado. ¡Pero si yo odio calcar, señoras! ¡Ese cesto es todito mio! Y le tocó a mi mamá pegarse el viaje hasta el colegio para corroborar la afirmación: “Si, la nena pintó el cesto, las violetas y los pajaritos”. Y así fue como me fui ganando el terreno en el mundo del arte.

San Guiseppe: te pido por mis amigas las viudas. Me vinieron a la cabeza en ese momento. Mis alunmas de pintura, todas mayores de 75 años, que un día de esos que falta la mitad del curso porque se fueron a una manifestación socialista, se pusieron a hablar de hombres.
“¡Qué yo no me vuelvo a casar”, decía la Nuria que ya era viuda desde hacías 6 años.
“¡Qué tonta, no me vas a decir que no te dan ganas!”, le decía la Rosa mientras enebraba una aguja.
“¡Claro que tengo ganas, qué la calentura es peor de vieja, pero qué gano yo con un viejo que … ¿nada de nada?”, contestaba enfadada la sabia viuda.
“¡Ahhh, eso es verdá, tener un hombre sólo para lavarle los calzoncillos, si que no!” levantaba la voz la Maruja.
“¡Ay, si mijita. Ya uno le agüantó todo al marido!” decia contundente la Rosa.
“Pero, ¿y el Pascual? ¿No te echaba los tejos?”, preguntaba la Lola.
“¡Pues si, salimos cuatro meses”.
“¿Y qué pasó? ¿No te gustó?”
“¡Es qué era un atrevido: me pidió que nos fuéramos a dormir juntos!”
“Nuria, mujer, ¿y qué querias que él te dijera?” dijo riéndose la Lola.
“¡Definitivamente eso es lo que quieren todos!” exclamó con sabiduría la Rosa.
“¡Guarros, todos son unos guarros!”, cerraron la conversación de manera radical Nuria, la viuda, y el resto del combo.
Y se pusieron a hablar de los socialistas.
Yo miré para arriba, me rasqué la barbilla, suspiré y pensé para mi solita: ¡Dios Mio, es que el camino es infinitoOoOoo; ¿cuántos años más me esperan de las mismas conversaciones sobre el tema masculino? ¿Voy a seguir hablando de “hombres” a los ochenta?
Pero me resultaba aun más preocupante esa información confidencial que me fue develada aquella tarde: LAS CALENTURAS EN LA VEJEZ SON PEORES QUE LAS DE LA JUVENTUD. Siusplau!*

*Si us plau: Por favor, en catalán.