* PLaTeA NuMeRaDa


CuENTo GaNADoR eN eL ConCURsO dE NaRRaTiVa "SaNt JoRDi" dE La ReVisTA "ACELOBERT" - BaRRi dE SaNT AnToNi dE BaRCeLoNa (EsPAñA) - JuNiO 2008 - ReVisTa NúMerO 5.
Metro de Barcelona. Línea 2.
San Antoni

L-2, pero como a mi los números me muerden, la re-bautizo morada. Mi color favorito. Hasta mi apellido está coloreado con ese tono divino. Después de haber sufrido durante dos años con el pésimo servicio de la “metropolitana romana”, cada vez que me embarco en esta, le doy las gracias al Cosmos –incrédula por su puntualidad y limpieza- mínimo tres veces: “¡Gracias, gracias, muchas gracias!” Es mi mantra occidental. Es que todo depende con qué se compare. Uno es flaco si el que está allado pesa 95 kilos y gordo, si el otro pesa 45. Por eso hay que saber elegir rival. O no jugar ese juego.
No me gustan las sillas tipo “sandwich” porque no me dejan pensar claro. Los pensamientos de los de allado me dispersan y se meten entre los mios. Entonces me cuesta distinguir cuáles son mios y cuáles, los prestados. Así que apenas detecto que una de las externas está vacía, me lanzo en picada y me apodero de ella: es ahí donde empieza la función. Es como estar en Platea numerada.
Universitat
En el puesto “sandwich” se me sienta un hombre con un olor –o mejor, hedor- tan ácido que me hace lagrimar los ojos. Recuerdo que en una peli aconsejaban respirar por la boca y lo hago. Hasta que me ahogo y sigo respirando ese perfume ácido por la nariz. Sigo lagrimando y la de enfrente cree que me dió un ataque de “malparidez cósmica”.
Passeig de Gracia
Como en una escena de “The Matrix” – en cámara lenta- pasa un hombre en riguroso negro: chaqueta de cuero, pantalones, botas y gafas. Y en las manos, casi infinita, una espada medieval de plástico. La mujer de la silla de enfrente me mira espantada y tal es el espanto, que soltamos una silenciosa carcajada. Yo vuelvo a lagrimar.

Tetuán
Ella y sus prendas de cacería: pantalón ceñido de tigre, top de leopardo, foulard de pantera, mirada felina, garras de gatopardo, estrógenos de gata. ¡Grrr! Se apoya junto a la puerta y todos nos preguntamos íntimamente cómo hace para no caerse de esas plataformas. Una mujer muy equilibrada, sin lugar a dudas.
Monumental
Dos adolescenticas con sus pantalones descaderados y “o sea”, “que fuerte”, “tía” que me recuerdan que sólo se es jóven una vez… ¡porque la sociedad no podría soportarlo dos!

Sagrada Familia
Centenares de “guiris”* se suben al metro mientras otro centenar, se baja. Todos muy blancos, todos con mochilas llenas de mapas, todos con chanclas de verano en pleno invierno, todos rebozantes de euforia. Yo me hago mi reiterada pregunta: ¿Por qué carajo tienen que esperar a atravesar los Pirineos para ponerse tan contentos? ¿Por qué es que no pueden des-reprimirse en sus casas? ¿Por qué vienen acá a hacer lo que no hacen allá?
Encants
Todo el vagón del metro voltea la cabeza para ver de donde proviene tanta gritería. Tres gitanitas acaban de subirse y se les dañó el botón del volumen. Pero ninguno entiende que dicen. El señor junto a ellas se toca el bolsillo para confirmar que su móvil siga ahí adentro y las dos señoras del otro lado, abrazan los bolsos contra sus regazos. Y ya nada vuelve a ser como antes.
Clot
Silencio. Quietud. El metro no arranca. Toda una telenovela pasa por la cabeza de las dos “avias”* sentadas junto a mi: ¿y si esto no se mueve más? ¿Y si es un atentado de ETA? ¿Y si los de Alqaeda están acá adentro? ¿Y si nos quedamos a oscuras? ¿Y si nos están bombardeando afuera y acá no nos hemos enterado? ¿Y si…? Y el metro arranca y ellas siguen hablando de sus nueras.
Bac de Roda
El intelectual del libro. Ahí sentado en una silla “sandwich”. Ese que no deja ver su carátula y así nunca nos comparte al resto de la humanidad que lo mantiene tan entretenido y aislado de nosotros. Entonces pienso que le faltaron 15 minutos para ser autista. Mis ojos lagrimean de la risa y me acuerdo de mi amiga Merche con la que río tanto. ¡Reir es un regalo! ¡La amistad también!
San Martí
La mujer de enfrente, la que parece “común y corriente”, contesta el móvil y escupe un escueto “¿Qué?”. ¿Cómo puede ser que de un ser tan dulce y delgadito, salga una palabra tan seca, fria y dura?
La Pau
Mi mirada se cruza con la de él. Un semidios etrusco. Mis ojos se zambullen en los suyos y por un instante eterno, me pierdo en ellos. Pero ese amor no puede ser. Amor prohibido. Amor truncado. Ya he llegado a mi destino y tengo que bajar del metro. Él me mira desde el interior. Yo desde afuera repaso su cara. Quiero conservar esa imagen durante el resto del día. El metro arranca y mi semidios etrusco sigue el Viaje que era mio y desde la Platea numerada, seguiré contemplando a través de sus ojos, el mejor de los Teatros, el de la Vida misma.

* Se les llamaba “guiris” a los soldados de la Reina Cristina que combatían contra los “carlistas”. Era un término despectivo que estos últimos utilizaban para nombrarlos y provenía de las siglas que se leían en sus gorras: G.I.R. (Guardia Real de Infantería). Después, también se usó el término para referirse a los soldados franceses qie invadían España y ya en el siglo XX, los gitanos llamaban a así a todos los integrantes de la Guardia Civil. La palabra “guiri”, usada actualmente exclusivamente en España, se usa coloquialmente para señalar a un turista, un forastero.

*Avia: abuela en catalán