Anita y Luca con su Amor contenido...


Anita tiene 42 y no se ha enamorado pero aun no se ha dado cuenta de ello. Luca tiene 43 y la misma cosa. Ambos estudiaron en el mismo colegio: él ya la miraba a ella con el rabito del ojo porque le daba curiosidad y ella lo olía cuando él le pasaba enfrente haciéndose el que no la veía y su perfume la enloquecía. Llevan así 25 años, mirándose de reojo y oliéndose...

No se volvieron a ver desde el día del grado de Luca, un año antes que el de Anita. Él se graduó, le dio un pico a Anita sin poder mirarla a los ojos y se fue a vivir a Argentina. A Anita le costó mucho tiempo quitarse la sensación de los labios. Le sabían a cosquillas.

 Pasaron los años en los cuales ella tuvo sus rollos y él también; de él se dijo que iba a casarse y de ella, que no estaba hecha para el matrimonio. Ni lo uno ni lo otro. La gente habla de los demás para embrutecer al prójimo y así evitar que hablen mal de ellos... Táctica primitiva, resultados prehistóricos.

Llegó la Era FaceBook y él la buscó a ella. ¡Sí, él a ella aunque sea difícil de creer porque con los años parecía que cada cosa o persona cada vez le importaba menos! Ella, que salía para aquel entonces con un Pedro, aceptó la invitación cibernética para auto-demostrarse que "esto es agua pasada y me tiene sin cuidado". Pero hay veces -muchas- que uno tiene que darse cuenta que el agua más que pasar, se ha quedado estancada y sigue siendo la misma. Así que toca agitarla para que no apeste. Anita le dió el SI y Luca le escribió una pequeña nota saludándola. Ella -para qué decir mentiras- se puso contenta y le respondió con otra nota un poco más larga. Luca a su vez alargó la siguiente nota y así el asunto pasó a mayores.

De las pastorales decidieron irse a Skype porque ya tenían los dedos encalambrados y "del-de-de-vez en cuando" pasaron "al todos los días". A Anita le había contado las malas lenguas (¿habrán buenas lenguas?) que en Argentina Luca salía con una fulana pero que a la mamá de él no le gustaba. Ella, mientras tanto y sin saber exactamente que había pasado, se dejaba con Pedro. Era la primera vez que se dejaba con alguien y estaba felíz de hacerlo. En esos mismos días, Luca le aseguraba que él no tenía nada con nadie, nadie que su mamá no aprobara, por supuesto. Así que las llamadas se hacían más largas, intensas y comenzaban a proyectar vaya Dios a saber qué.

Se vieron dos veces y como no hay dos sin tres, se volverán a ver dentro de poco. Sin fuertes emociones, ni aspavientos, ni desbordes en los bordes y mucho menos promesas. Nada de juramentos, ni conexiones con lo Divino pasando por lo Profano  ni proyecciones futuras. Un Amor que no alcanza a ser Amor porque no se lo permiten. Un carpe diem postizo, fundamentado en el miedo a que la Vida se les vuelva más grata. ¡Es uno de los trastornos más comunes de la humanidad: tener los güevos de dejar de ser menos feliz para serlo un poquito más! Es como una adicción a la desesperanza. Después de unos segundos de flotar en la aireada fe, el cuerpo inerte se deja hundir y se ahoga en agua. La incapacidad de fluír siendo aire y agua a la vez. Entonces el fuego se apaga y la Tierra traga.

Así que después de 25 años de contención premeditada, la contención comienza a volverse regla de vida y hábito rutinario. Y después de 42-43 años sin enamorarse, aprender a hacerlo requiere un poco más de esfuerzo. No es que enamorarse sea un esfuerzo, ni más faltaba; el trabajo está en cambiar el "mode todo me da lo mismo y a mi nadie me dice lo que tengo que hacer" porque las palancas y botones de esas taras empiezan a estar un poco más oxidados y resulta muy complicado conseguir los repuestos.

Pero la Vita é Bella y siempre aparece en el camino un eterno Luca que le pide al Cielo Clemente que le permita mirar a los ojos a Anita mientras le da picos y una Anita que le susurra al mismo Cielo que la llene de Gracia para saber que hacer con los picos que él le da...