La chica de los talentos


 Hay conversaciones que pueden repetirse mil veces en la cabeza porque sin querer se nos vuelven casi sagradas. En ese momento nada parecía indicar que la cuestión iba a adquirir tonalidales profundas, pero después, pensándolo bien, notamos que lo dicho sí nos caló. Algo personal, muy dentro, se movió un poquito para percibir la realidad de otra manera. Se le crece el Mundo a uno así. Pero no pasa siempre y muchos menos sucede hablando de cosas densas como "estar en paro".

Una conversación sagrada la tuve con mi amigo Giulio hace unos años. El tipo da la sensación que todo lo dice bromeando, pero va uno a ver al final y resulta que era importante lo que estaba diciendo. Palabras sabias, formas coloridas, resultado genial si el oyente se toma la molestia de saltarse las palabras para leer las líneas. Un yin-yang textual.
Ambos caminábamos por Campo de Fiori en Roma un domingo y hablábamos del "piú e del meno" de la vida hasta que aterrizamos en el tema Amor. Él llevaba años felizmente casado con una querida amiga y empezó a enumerarme los motivos por los cuales le encantaba su Vida junto a ella. La lista, como él, era variopinta y mi amiga salía bien librada en varias cualidades externas e internas. Me conmoví escuchándolo pero cual fue mi sorpresa y punto de quiebre cuando Giulio me destacó la cualidad que más le gustaba de ella y que él admiraba profundamente: su chica era una "manitas".
El término, para los hispanoparlantes que no viven en España, se usa para definir a la persona que tiene habilidades manuales como arreglar cerraduras, coser botones, pintar vitrales, hacer lámparas en decoupage y muñecos en papel maché, inventarse un osito de peluche, darle un segundo uso inteligente a un vasito de yogurth y redecorar una chaqueta vieja. Es esa persona a la que las cosas no la atacan, como un grifo de agua, sino que por el contrario, se le amistan. Una conexión material en positivo.
En fin, "manitas" es la persona "arreglalotodo con creatividad" que demuestra en carne propia que la industrialización no es tan vital como nos hacen creer: que en casa todavía se pueden hacer cosas a mano, que no hay que acudir a miles de personas para que nos resuelvan nuestros problemas ni hay que tener que comprarlo todo hecho. Giulio admiraba esta dote, o mejor aun, este don.

Acto seguido me describió el contrario del "manitas" según él: "il nullafacente" (nulla = nada y fare = hacer, es decir, el que no hace nada) y me dí cuenta que tenía razón cuando dijo que era uno de los puntos débiles de nuestro sistema: cultivar a los "nulla-facenti" para que tuvieran que comprarlo todo hecho. Él casi-casi catalogaba este "atributo" como una maldición, la terrible maldición de no saber hacerse nada solo. Yo me quedé pensando por un buen rato.
Obviamente la pregunta reflexiva llegó:

¿Y yo que se hacer?

¿Para qué soy buena?

Llevo años escribiendo cosas en mi lista porque cada vez me esmero en ejercitar nuevos talentos. Ya lo venía haciendo desde chiquita, porque modestia aparte, "manitas" también soy yo aunque un poco más chambona (chapuza) y torpe que mi amiga y me enamoré después de otro capricornio que también valora dicho don, pero la charla con Giulio me despejó un mundo que no tenía muy claro: ¡no, no solo el escote, el canalillo, la piel de armillo, el perfume Fendi, el zapato Manolo, el iPhone y bailar como Shakira atraen! ¡A eso llamo yo justicia Divina fina! Hay seres angelicales por ahí que pierden la cabeza y no la vuelven a encontrar más por una que restaura el portón de madera antiguo de la casa y no estudió para restauradora...