Amor por un solo hombre


Isabel decía que lo amaba perdidamente. Que era el único hombre en su vida. Que no podría estar con otro diferente a él. Él se sentía radiante, exclusivo y casi protegido. Así que con ella echó raíces haciendo de cuentas que las raíces se echaban. De las raíces salieron cuatro hijos y de los hijos, varias preocupaciones. Él se puso a resolver algunas y ella, las otras. Pasaron los años y de las raíces seguían saliendo por-menores que ellos iban transformando en por-mayores. Muchos análisis, exceso de miedo, carencia de conexión, poco corazón. Como si el corazón no tuviera ya más cabida en la vida cotidiana. Como si la vida cotidiana tomara forma de candado. Como si el candado perdiera su llave. Al cabo de muchos años juntos unidos por ese candado invisible, Isabel le dijo que no lo amaba más pero que él seguía siendo el único hombre en su vida. Se separaron y él se quedó con los cuatro hijos. Ella fue fiel a su promesa inicial y se juntó con Laura.