Adicción a las amigas co-dependientes y sabiondas


Raquelita era adicta a su grupo de amigas co-dependientes. Adicta como una adicción más. Se pude ser adicto a las drogas a veces mayores y a veces menos mayores, al sexo compulsivo, al shoping en el Portal del Angel en Barcelona o cualquier otro Portal, al pestilento cigarillo, al alcohol para ser más lanzado, al iPad y todo lo que tenga pantalla y por supuesto, a lo que digan las amigas. Generalmente lo que dicen las amigas no aplica. Si uno tiene que sacar coraje para dejar una relación, ellas recomiendan seguirla y viceversa pero siempre alrevés. Para maestros de vida los coach que hacen coaching y que antes de certificarse eran ingenieros, los curas que dan consejos teóricos, los doctores con doctorados, los colaboradores de programas de TV del corazón, los que sufren el síndrome del sanador chamánico, los sabiondos y los grupos co-dependientes de amigas.
Raquelita pertenecía a uno de ellos: un grupo de amigas que se reunía en corro en continuación a hacer pública la cita de la noche anterior con posterior evaluación, diagnóstico y pronóstico del XY con el que alguna salió.
Ahí nadie salía con cabeza, ni las presentes ni los ausentes. Cómo fenómeno curioso, no había hombre válido así que cada salida analizada, terminaba con la misma conclusión: "desastre absoluto". Obviamente el desastre estaba más en ellos -sapos horrorosos- que en ellas -princesas camufladas.

Un día cualquiera a Raquelita le llegó el e-mail de confirmación de la Universidad a la que meses atrás había aplicado para hacer un master. La aceptaban en el próximo otoño. Ella no se lo había contado a nadie para evitarse el consejo de que no lo hiciera.
Así, como acto semi-inconciente de Independencia y acto semi-conciente de Tedio, aplicó.
Quería darle un vuelco a su vida y un respiro a su cotidianidad tan predecible. Obviamente que cuando le comunicó al corro de amigas que se iba, todas le dijeron que estaba loca de la cabeza, que ya estaba muy vieja para eso, que cuando regresara ya no tendría contactos ni trabajo y bla-bla-bla.
Raquelita hizo de tripas corazón, se despidió con lágrimas en los ojos de cada amiga co-dependiente del grupo y saltó el charco sabiendo que era por su bien.
A los pocos días ya empezaba el master y la terapia de abstinencia.
Sin lugar a dudas aprendió más de lo segundo que de lo primero. Empezó a tomar decisiones sola, a no contarlo todo, a no consultar cada duda con el mundo entero, a dejar de otorgarle el poder de su vida a los demás, a retomar las riendas de sus actos y sobretodas las cosas, a sincronizarse con los latidos de su corazón.

No volvió a vivir en su país porque se casó con un XY del país del master encantador provisto de muchas de las características que cuelgan en post-it virtuales las amigas en sus muros de FaceBook de cómo son los príncipes contemporáneos. Los sapos horrorosos desaparecieron porque ella se alejó de la charca y tampoco volvió a reunirse en corro de amigas co-dependientes. Adicción sanada.