Estela que había renunciado a los hombres


Estela dijo que no quería más hombres en su vida y se dedicó a ver el canal Divinity que vendría siendo el canal de la mujer en Latinoamérica, Gems. Sus horas de jubilada se le iban viendo series donde pasaban esas cosas que ella - tipo voto de celibato- ya había renunciado. Se arrunchaba en su mantica y se tomaba un té. Verde, rojo, amarillo, azul, pero siempre té.
Un día de otoño, mientras se preparaba uno al gengibre, recibió la llamada de su amiga Nelly que como siempre, la buscaba como basurero energético de sus males. ¿Por qué no se pagaba una terapista?, se preguntaba Estela mientras hacía bolitas de papel con el sobrecito del té que preparaba...
Se le fue el tiempo y no entendió que pasó.
Estela solo recuerda que su cocina se prendió en llamas, que el fuego se pasó al comedor, que ella salió corriendo como gallina clueca, que gritó hasta quedar afónica, que la vecina salió en su rescate, que llegaron los bomberos, que un semidios griego la tomó entre sus brazos y le puso una nueva mantica, que el tipo no se le volvió a apartar de su lado, que se llama Antonio y que ahora ve menos Divinity porque tiene un novio bombero.