Los parejos disparejos


El asunto amoroso es más o menos (o menos a más) como la matemática:

(+) + (-) = (-)
(-) + (+) = (-)

(+) + (+) = (+)
(-) + (-) = (+)

Si uno pone mucho de algo y el otro no pone nada, la cosa está irremediablemente condenada al fracaso.
Si los dos ponen alguito, hay buenas probabilidades de que funcione el asunto.
Si los dos no aportan nada de algo, ¡hasta puede llegar a funcionar la cuestión porque ni se enteran de lo que no están aportando!

Esto va desde lo más tangible como la plata ($) y los mimos, hasta lo más intangible como la capacidad de soñar o las ganas de compartir. Si uno de los dos alimenta proyectos vitales coloridos y el otro los desbarata, genermente el primero se va con sus sueños para otra parte.

Como el caso de Rebeca y Rogelio que parecían la clásica pareja perfecta. Tan dulces, tan tiernos, tan interesantes, tan cultos, tan alternativos, tan, tan y tan. Pero ellos si sospechaban en que punto la cosa no era TAN buena: Rebeca tan trabajadora y aguerrida. Rogelio tan mantenido y depresivo. Ahí no había un TAN común y la regla matemática se hacía evidente. Ella trabajaba sin parar y él se lamentaba sin cesar...

Estos (+) y (-) pueden mantenerse en sútil equilibrio por un período, pero sólo por uno corto porque el cuerpo no aguanta tanto. Tarte o temprano todo cae cuando se hace pesado. Y espicha.
Así que un día muy caliente, Rebeca se le calentó a Rogelio y le cantó sus (+). Rogelio con tibieza otoñal le respondió bajito de energía con sus (-) y como no hubo un (=) común, el resultado fue negativo.

Rebeca quedó vuelta añicos porque entre uno más sospreche el final con años de antelación, más impulso toma la caída y el totazo es casi mortal. Rogelio recordó que entre sus miembros tenía una cola, la agarró, se la metió entre las piernas y con valija en mano, se fue.

Ambos siguen añorando lo que no pudo ser. Ella pidiendo (+) de él y él, pues (-) de ella.