Nicolás el maltratador y Sandra la maltratada


Cuando Sandra conoció a Nicolás, supo de inmediato que -por su bolsillo, amistades y porte- era la visa para ascender a otro estrato social.
Cuando Nicolás conoció a Sandra, supo de inmediato que -por su corta edad, inseguridad y necesidad- era la pareja perfecta para moldear a su gusto.
Ni lo uno ni lo otro, como todo lo que viene por senderos escabrosos con escabrosas intensiones.
Ella -aun cuando no lo supiera por su íntima sensación de debilidad y escasez- ya estaba formada y el papel de Pigmalión resultó ser la gran utopía y frustración para Nicolás.
Él -que resultó ser rico en maltratos sicológicos, millonario en descalificaciones y próspero en amantes- nunca le concedió la susodicha visa pues a la estratósfera del estrato social al que pertenecía solo se accedía por cuna, por sangre y demás íconos medievales.

A veces se autoconvencía ella que debía dejarlo, a veces lo hacían sus alcahuetas amigas; en ocasiones tiraba la toalla por unas horas y otras, se la hacían tiran las amigas jartas de tanta quejadera. El asunto es que entre toalla y toalla se le fueron 10 eternos años.
Cómo él ya tenía dos hijos de su matrimonio anterior, ella se quedó con las ganas de tener los suyos. Cómo él ya venía de un enlace formal, esta vez casi-casi ella estuvo de "tiniebla oculta".
Cómo él ya había sido víctima del aprovechamiento de la ex Mireia que resultó ser toda una "gasolinera", esta vez supo poner el pie encima a la pareja para que no se aprovechara de su "nobleza".

Y así se juntaron el hambre y las ganas de comer. Ella de víctima y él de victimario, ella de necesitada y él de proveedor; ella de poca cosa y él de gran Barón; ella de maltratada y él de maltratador. Un perverso juego que duró 10 años pudiendo haber sido más sino fuera porque ella, en el décimo cuarto llamado de atención del Universo, se reventó. Como un globo. A modo de burbuja. "En mode burbuja" -escribió en su muro de FaceBook y en su Twitter cuando la situación no tuvo vuelta atrás. Había logrado mantener el "tipo" en las anteriores, maquillando las abolladuras, escondiendo las ojeras y borrando las frases destructoras. Pero el ultimatum del Universo esta vez fue radical y casi mortal.
Cayó en una profunda depresión de esas que por mucho que uno finja ya nadie se la cree.
Entonces -y por lo tanto- le resultó incómoda y poco atractiva a él. Él, que siempre había tenido amiguitas en cada puerto, abrió nuevas sucursales marítimas y la ignoró por completo.
Grave resultó también que Sandra había invertido todos sus fondos en ir siempre de princesa para estar a la altura de él: el último bolso Gucci comprado en Gucci y no en el Gran Bazar de Estambul, peluquería de primer nivel porque un tinte en una peluquería de barrio casi siempre se nota y una siempre se lo nota, retoques y arreglitos, brunchs en sitios chic para que los demás empezaran a percibirla como ella pretendía ser percibida... ¡Todo lo que fuera necesario para ser la pareja de mostrar de Nicolás!
Así que, después de 10 años -cual copa de cristal- se reventó en pedacitos: de adentro para afuera con rebote de afuera para adentro. Es decir, se reventó y además, se cortó.

Resulta tarea tesa recuperarse de tal quiebra. El tiempo y esfuerzo necesarios resultan -cual regla matemática- directamente proporcionales al tiempo invertido, permitido y permanecido con el sujeto maltratador. La recuperación también depende de la suma de aceptaciones que se declaren en el proceso: yo estuve ahí porque lo quise, fue mi responsabilidad quedarme a su lado, yo soy la dueña de mi vida y por lo tanto, de las decisiones que en ella he tomado, tomo y tomaré...

Sandra está sentada delante de una enorme hoja en blanco a ver que escribe ahora. No tiene energía ni para mover la mano. Pero la energía ya le llegará a su debido tiempo.

Nicolás se está tiñendo de verde, viejo verde, haciendo uso de sus infalibles métodos para que las mujeres no se lo "gasolineen", no vaya a ser que a él le pase lo mismo de su papá con su mamá...