El poder de la idealización

Foto: Daniela Violi ®

Cuando sus amigos se la presentaron en esa cena, le encantó.
Era como una aparición divina.
Su fascinación fue tal que se quedó sin habla.
Al cabo de un rato, claro está, recuperó su capacidad de elocuencia.
Así que empezó a contarle cosa, cosas, cosas y más cosas. Muchas cosas. No podía parar de hablar. ¡Se sentía tan bien! Tan comprendido, contenido, escuchado y admirado.
Una cosa, si: decidió no hacerle preguntas a ella para que no se le humanizara…
No volvió a verla más después de esa noche. Seguro volvió al Cielo.