Texto de la presentación del libro ReEnamorarte de Panamericana editorial en el restaurante Mordida de Bogotá, 26 de junio de 2016



Por: Daniela Violi


Cuando uno va hablar de amor, hay que empezar, evidentemente, por los orígenes: su familia. Mis dos abuelos eran unos calabreses muy guapos con un carácter muy calabrés y mis dos abuelas eran dos napolitanas con todos los adornos que trae haber crecido con un volcán cerca. Por misterios irresolubles de la vida, acaban inmigrando a la puerta de oro de este pais, Barranquilla y se establecen felices porque hay que reconocer que hay muchas similitudes en el eje Curramba-Napoli.

Mis papás se enamoran en una comparsa del Imperio romano del club italiano, que nota curiosa fundó mi papá, en el marco del Carnaval de Barranquilla. Él de Adriano y ella de Sabina.
Y entre el Himno de la alegría de Miguel Ríos, Malafemmina de Peppino di Capri, los mambos de Peréz Prado y los boleros de Agustín Lara mi mamá rompe fuentes a orillas de Puerto Colombia y mi papá la lleva a toda velocidad a la clínica de la Asunción en su Chevrolet 1950 color verde esmeralda. Así llego yo al mundo, al mismo tiempo que en USA se hacía el primer transplante de corazón.



Tengo la dicha de crecer con mis abuelos cerca y es ella, la nonna Rosina, la que se encarga de perfumar mi vida con aroma de café. Recuerdo como se preparaba en su moca italiana su espresso todas las mañanas y yo apenas olía y oía que estaba saliendo, corría y me le colgaba del vestido de flores suplicándole que me diera un poco. Algunos de ustedes sabrán lo que es tener que soportar la “lora” de un aries… ¡A la pobre mujer no le quedaba más remedio que darme dos cucharaditas para que yo quedara contenta y le soltara el vestido! Era un deleite y desde entonces el café ocuparía un puesto fundamental en mis días.

 Nonna Rosina Botta, mi hermano Alfredo y yo en Barranquilla

A mi papá los transladan por motivos laborales a Bogotá, alias “la nevera” y a mi hermano Alfre y a mi nos matriculan en el colegio Italiano donde yo sigo enriqueciendo este mix inter-cultural. Eso si, cada seis meses íbamos a Barranquilla, ya convertidos en “cachacos” para ellos, pero Alfre y yo manteníamos el corazón “juniorista”.

Escojo estudiar Comunicación Social en la Javeriana y disfruto cantidades de la carrera, pero más aun de los espacios entre una materia y otra porque con mi grupo de amigas nos transladábamos a “la playita” de los ingenieros y ahí teníamos las charlas más deliciosas del mundo. Yo ya empezaba a tomar conciencia – además de tomar café- que estaba cursando una carrera paralela que íntimamente denominaba “Ingeniería Social”.
Posteriormente viví unos años en la Toscana, a orillas del Mediterráneo, en Viareggio, para realizar mi sueño de hacer un poco de arte en la Accademia de Carrara y es donde tengo uno de los encuentros cósmicos que marcarían mi vida: mi profe en la Scuola Libera del Nudo, Walter Tacchini. El método que llevaba a cabo era el renacimental, maestro-aprendiz donde por un día entero cada uno realizaba su full-immersion en el desarrollo de su “capo lavoro”, con un intermedio a la italiana de dos horas. Ahí llegaba lo mejor. Tacchini nos llevaba a la trattoria más cutre tipo “corrientazo” del corazón de Carrara, donde llegaban a almorzar los cavadores de mármol que por supuesto, entraban como una escultura: tapados de polvo de mármol blanco. Delante de un plato de pasta tipo “capataz de obra” y después, de un deliciosa taza de caffé Lavazza, desbaratábamos al mundo para volverlo a re-crear. 

 En los Alpes Apuanos, Carrara

Yo ya iba tomando conciencia con sabor a café que lo mejor de la vida, al menos la mia, no estaba en la formalidad sino en la in-formalidad, no estaba en lo convergente sino en lo divergente, no estaba en las líneas sino en los espacios que había entre una y la otra. Me estaba convirtiendo así en una de-codificadora de códigos.

Tuve un desempeño laboral muy bello a mi regreso a Colombia en 1996 donde publiqué varios libros y artículos y dicté algunos talleres y charlas, girando siempre alrededor del tema de la autoestima, las inteligencias múltiples, el equilibrio de los dos hemisferios cerebrales, el arte y el bienestar.
Mi taller en Usaquén se volvía “parada obligatoria” de amigos interesantísimos y yo los esperaba siempre con un café calientico. Practicamos conversatorios de todo tipo de temas con bailoteos con todo tipo de ritmos. Yo para entonces ya iba escribiendo los relatos de amor que me confesaban a la vez que vivía el mio con un romano que trabajaba en Bogotá.

En el 2002 voy a Roma a hacer “le vacanze romane” y una vez más, por esos misterios irresolubles de la vida, me termino quedando por tres años y es ahí donde observo y aprendo sobre el “complejo emperador”. Escribo mi relato de amor “Castel Sant’Angelo” publicado por la revista literaria Sagarana en Lucca, siempre Toscana, y el periódico El Heraldo de Barranquilla.
Jugando a los de-codificadores, quiero hacer notar que Roma leída alrevés es Amor, que no deja de ser curioso.

Del 2005 al presente vivo en Barcelona, Barcino para sus fundadores romanos, donde encuentro el espacio/tiempo para concretar mi proyecto en amor. En 2007, en mi peor crisis económica y lo cuento para recordar que es en el momento más oscuro que empieza a amanecer, donde abro mi blog y comienzo a recibir una serie de feedbacks positivos a través de mails y visitas a éste que me van motivando para escribir este anecdotario en amor.

Contemporáneamente, salen al mercado una serie de libros con contenidos cínicos, vulgares o consumistas acerca del tema “pareja” que me hacen cuestionar con respecto al credo del amor. 

¿Qué nos ha pasado? me pregunto preocupada.

Escojo así mi muestra representativa, la mayor parte amigos de la generación X, es decir, los nacidos de 1965 a 1980 pero también entraron otros más jóvenes o más creciditos, con tres condiciones para mi fundamentales: 

1.        Que siguieran creyendo en el amor,
2.        Que su proceso fuera concientemente vivido desde el aprendizaje y no desde el drama
3.        Que uno de sus objetivos vitales fuera moverse en el triángulo de la coherencia, es decir, calibrando el pensamiento y el sentimiento a la acción.

Así empieza esta maravillosa aventura amorosa nutrida por las anécdotas de mi gente bella y también por mi recorrido personal donde a lo largo de estos años he pasado por todos los estados posibles de la materia amorosa sin sublimar por un momento mi fe en el amor como la expresión más sublime a la que pueda acceder el ser humano



Me he tragado, me he des-enamorado, me he entusiasmado, me he emparejado, me he esmondingado, me he comprometido, me he separado, me he re-creado y acá estoy, siempre conciente de las propiedades emergentes del ser humano, alcagüetiando al amor en todas sus manifestaciones y fomentando el credo de “serendipity”: hallar lo maravilloso por azar, que eso solo pasa cuando uno lo cree y lo deja pasar.
Con infinita alegría les presento el fruto de mi investigación y recopilación periodística - para que no digan que desperdicié el tiempo en “la playita de ingeniería” o en la “trattoria del Cavatore” tomando café – donde encontrarán una serie de tips, sugerencias, conceptos, ideas, anécdotas, opiniones mias, de amigos pilos y de profesionales. ¡Y tengo muchos amigos pilos profesionales!

Todo esto puesto junto como un laboratorio de alquimia amorosa para volver a brillar como el oro, recuperar las ganas de enamorarse, intentar encontrar un sentido que muchas veces se nos pierde, evaluar cómo estamos viviendo nuestras vidas afectivas pero sobretodo, para seguir perdidamente enamorados de la Vida. Cuando una persona enamorada de su vida que cada día se levanta siendo una mejor persona, se enamora de otra en las mismas condiciones, eso es alquimia pura: ¡Feliz sin ti, cómo será contigo!