Reflexiones cotidianas de género en el día de la mujer, 8 de marzo


Desde chiquita, los chistes que resaltan las diferencias entre hombres y mujeres me han llamado la atención porque al oirlos siempre me pasan dos cosas: no me dan risa y termino pensando en una persona del sexo opuesto al que citan que hace lo mismo que el chiste critica. Me cuesta trabajo ver esa barrera inmensa que separa el universo masculino del femenino. Elijo vivir en un mundo sin muros.
Más allá de los comentarios sobre la cantidad de neuronas - dato que las neurociencias ya se han encargado de aclarar con estudios varios y por lo tanto no vale la pena profundizar - tales chistes hacen referencia a comportamientos disfuncionales de la mujer recalcando su carácter intenso y perseguidor. Avocando a mi virtud de ser social con dotes investigativas en los dos géneros, puedo numerar un buen número de hombres que también son intensos, insoportables, ansiosos y desbordados cuando se enamoraran y que les sucede igual que a ellas, des-enamoran porque asfixian. Acá el asunto no es de género sino de inseguridad y la inseguridad no tiene sexo.

Hay otro mito que dice que a los hombres no les gusta que los molesten, sobretodo cuando trabajan,... cuando leen, cuando ven un partido de fútbol, cuando piensan, cuando amanecen con la "neura" revuelta. Siento tumbar el mito pero el tema tiene que ver con una vida personal plena y llena de intereses y conozco infinidad de mujeres que necesitan pasar un rato a solas desarrollando su proyecto laboral, escribiendo su libro, sacando sus cálculos en Excel o haciendo su meditación zen. Un ser humano íntegro necesita tener tiempo para dedicárselo y enriquecer su mundo interior.
El tema no tiene que ver con el género sino con la falta de oficio y la falta de oficio es un mal de muchos hombres y de muchas mujeres: buscar en la pareja un distractor que les componga la vida.
¡Qué delicia cuando un hombre completo se encuentra con una mujer completa y pueden vivir sin estar pegados como un chicle y cada uno poder disfrutar de sus pasiones a veces solo, a veces bien acompañado!

El asunto más allá de hombres y mujeres tiene que ver con la candela: hay gente quemada. Cuando uno se quema ve al otro desdela distancia.
Después de un número de citas, relaciones, salidas, entradas, intentos fallidos, algún divorcio, derrumbes inexplicables, es todo un arte mantener el credo en que sí es posible que un hombre y una mujer puedan construir algo nuevo y bonito juntando sus sinergias a partir del amor.
La candela la alimenta también el decálogo social que dice no hay que darlo todo, que hay que cuidarse, que es mejor desconfiar, que todos/as son iguales, que hay que ir despacito, que no se puede tropezar con la misma piedra, que hay mucha gente loca por ahí, que si viene de un fracaso emocional debe tener un gran problema, que...
Sumando los prejuicios personales más los sociales, ¡huele a asado!
De esta manera, tenemos como muestra representativa a una chichonera de hombres y mujeres con un gotero en la mano contando la dosis homeopática en amor y trazando estrategias que parecen más de guerra y ante-poniendo sobre la imagen del nuevo amor al amor anterior, sino a todos los anteriores, en constante comparación. Entonces, dentro de la cabeza una vocesita susurra todo el tiempo: "¡Qué no te vuelva a pasar; recuerda que te dolió!".
La cuestión es que, si nos remitimos a la física, esa nueva persona NO es la anterior, es otra y que uno tampoco es el mismo, porque si uno se puso las pilas, sale mejorado de cada experiencia vivida.

Una señal de estar quemado es la proyección del miedo anterior sobre la nueva persona.
Puede - y es solo una posibilidad - que si a la anterior persona querías despacharla a su casa después de un rato, con ésta quisieras quedarte mucho tiempo porque te sientes, inexplicablemente, muy bien. Es una opción que viene de otra posibilidad: puede que la anterior no estaba hecha para ti y tu forzaste las cosas y que esta te cuadre perfectamente... Son solo posibilidades que se despejan ejerciendo el trabajo de campo.

No estar quemado significa darse la oportunidad de vivir algo como si fuera la primera vez, de ponerse gafas nuevas para descubrir otras realidades paralelas, de tomarse la molestia de volver a hacer las mismas preguntas e inventarse otras nuevas, de pasar tiempo juntos, de descubrir a un ser maravilloso listo para ser descubierto y en coherencia al mundo que queremos construir.

No podemos pasar el resto de nuestros días en constante separación y esto va tanto para el ámbito social como el personal. Es un hábito mal-sano que nos hace sentir fragmentados en nuestro interior. Encontrémonos en las similitudes, que son más de las que creemos y a la larga constituyen ese curioso pegamento que nos hace sentir que llegamos a casa. Encontrémonos desde la igualdad de derechos, de oportunidades, de respeto y sobretodo, de empatía, esa empatía capaz de diluír cualquier distancia y que nos pega todos los pedacitos que historias anteriores habían des-integrado.
¡Feliz día para esas mujeres y para esos hombres que quieren construir un mundo diferente desde intenciones similares!

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