* LaS FrANceSaS & La MAterNiDaD (y OtrAs CoSAs +)


Las francesas: cuando nosotras estamos iendo, ellas ya se están devolviendo
Por Daniela Violi
Barcelona, abril 2007
(ARTICULO PUBLICADO EN WWW.OM-COMMUNITY.COM EDICION MAYO 2007)

He de reconocer que las mejores revoluciones son a la francesa -como las papitas- y en cada una de ellas, francesas de foulard y mucho charme revolviendo las ideas del Mundo, dejando por supuesto- una estela de Channel número 5 en el ambiente. ¡Oh-la-lá! ¡Qué conste que por ahí dicen que la vie es en rose!

La primera francesa de la que tengo recuerdo directo en mi vida fue Eloisa, la eterna amante de su maestro Pedro Abelardo, filósofo y teólogo, que muy joven compartió con él las charlas más brillantes, salpicadas de sex appeal y encarretadoras. ¡Eloisa no tenía otra opción que encarretarse, por supuesto,…¡ a mi me hubría pasado lo mismo! Pasión y neuronas, un coctel del todo afrodisíaco. Abelardo, alto y corpulento, hablando desde los amaneceres del Análisis Crítico y perfumado de testosterona. Lo menos que podía desear ella era crear un “Astrolabio” como souvenir para preservar esa especie tan genéticamente excasa. Los genes de él con los de ella: un acto de perfecta lujuria. Y un tío, perversamente enamorado de ella, que llega tarde. A él lo hizo castrar –funesto castigo al amante atrevido- y a ella la pusieron a fundar un convento, castigo aun más cruel para la amante libre, con Astrolabio colgando de sus enaguas mientras ella cargaba piedras y los recuerdos.
La historia la conocí en una película que me mandaron a ver en épocas de Universidad, cuando se empezaba a decir que el cine también enseñaba. Salí del teatro con un nudo en la garganta y con una reencarnación reactivada. Así que cuando fuí a Paris les llevé flores y me heché una lagrimita furtiva porque el amor valiente sigue siendo, todavía hoy, un acto heroico. Eloisa, mi heroina más heroina, que ya había entendido desde los Medios más Evos, que el conocimiento daba poder. Poder para casi todo. Como buena historia de amor terminó mal, aunque tanto a él como a ella la historia los hizo eternos, cosa que le resta dramatismo al capítulo y le hace perder poder la malvado tío, que quedó solo y mal follado. Peor que construir un convento.

Mi segunda francesa también venía del cine universitario: fue Betty, más gris que Blue, que me regaló una de la tardes más depresivas de mi vida. Nunca la olvidaré caminando en cucos por un corredor con sus lolas al aire saltándole y llorando como toda una Magdalena por él, un “xy” cualquiera. Si su paisano Van Gogh ya se había cortado una oreja, esta se sacaba un ojo por culpa de ese hombre y además del güeco en ese ojo, me acuerdo muy bien del otro, con el delineador tan corrido que le llegaba a su “bouche”, toda “rouge”, por cierto. Crayon à lèvres- 19 Baie Sauvage – lignes présices- Clarins- Paris.

La tercera francesa era una compañera de clase de pintura que tuve en los 90’s en la Academia de Belle Arti di Carrara: Elisabeth me confesó que se había enamorado de su Luciano en plena plaza de la Sorbone, si, …en 1968, si, …en aquel mayo. ¡En mi vida se me ha cruzado alguien más chic que ella! Fue ella quien me puso una escalera junto a un árbol de cerezas y me dijo: “Come hasta que te de diarrea”. Fue ella la que me llevó a Paris a comer “monstricos” crudos encrustados en una gran montaña de hielo. Fue ella la que me contó que no había nada más sexy que dormir junto al compañero totalmente desnuda, aunque llevaran juntos más de 25 años y fuera invierno. Fue ella quien me presentó a otra gran francesa, de vanguardia valga la redundancia, Camille Claudel, que como con Frida, uno sale del museo del parejo preguntándose porque carajo el museo tiene el nombre de él y no el de ella. Hablo del Museo de Auguste Rodín, “offcourse”.

Mi cuarta francesita es Chrislene. Fue mi compañera de travesuras en la Toscana italiana también en los 90’s. En aquellos tiempos donde la inmigración todavía no alcanzaba a ser un fenómeno masivo, una francesa del sur y una latinoamericana de 20 años hablando italiano machucao cada una con su respectiva cadencia melosa y alargada, eran unos personajes del todo exóticos y deseados. Nuestros egos junto a nuestras autoestimas y nuestras vivencias se nos alimentaron como chanchitos en aquellos tiempos. Chris parecía la hermanita menor de Vanessa Paradise y una larga línea negra siempre –y digo siempre- le evidenciaba el párpado superior de sus ojos de gatica.
Mientras yo me debatía entre:
estar a favor o no del matrimonio,
estar a favor o no de las pastillas anticonceptivas,
estar a favor o no de darlo, darlo o no darlo, darlo o no darlo,
estar a favor de arrejuntarse o no arrejuntarse,
estar a favor de ser madre soltera o no ser madre soltera,
estar a favor del aborto o no,
y mil favores desfavorecidos más,
ella ya había vivido con su primer novio, ya se había dejado, y ya estaba recostruyendo su vida como si no hubiera pasado nada.
Fue ella quien que me develó el gran secreto de la sensualidad francesa y de ahí en adelante mi imaginario, y el de otras a las que generosamente les compartí el tip, tomó un nuevo rumbo: la media autoadherente. Es esa media que llega justo arribita del muslo, esa que no necesita de
hilos,
ganchos,
nudos,
ligas y ligueros,
jalones compulsivos,
aguantar la respiración,
caminar despacito,
ni trucos
para que no se escurra. Es esa que, cómplice y obediente, se queda adherida en tu pierna como si fuera una extención de ella mientras tú le sigas dando la orden que permanezca ahí. Ella, con infinito agradeciemiento y lealtad, hace que tu pierna se convierta en TU PIERNA. LA PIERNA. Todavía hoy, décadas más tarde, cuando le develo el secreto a amigas crecidas en ambas partes del charco, veo como se le cruzan las pupilas y miran a ver como acomodan el concepto a su actual estatuto de creencias. ¡Lástima que sean un poco más caras que las otras medias, las “matapasión”, pero que lo valen, lo valen!

Las décadas siguen pasando pero el cancan sigue siendo el mismo: las mortales vamos iendo, ellas se están devolviendo. Mientras en otros países ellas hacen todo lo posible por confundirse con ellos,
* cortándose el pelo para que él no tenga de donde jalarla,
* contradiciendo a Sansón porque las melenas las hacen sentir más débiles,
* saliendo a la calle como si un chivo acabara de lamerles la cara,
* follándose al que conocieron en la discoteca esa noche y arrullándose el corazón partío al día siguiente porque íntimamente, bien saben que tienen pero no retienen, o a la argentina, cogen pero no recogen,
* haciendo elaborados discursos sobre la autonomía, los derechos, la individualidad y la libertad,
* babeando cuando “muñequean” con los bebés de las amigas, porque a ellas se les “pasó el arroz” por andar de wonderwomans,
* Caminando con zapatos unisex con paso macho, desgarbe tipo “Jorobado de Nostre Dame” y looks que esconden si lo que hay debajo es un hombre o una mujer…

…en la Francia del tercer Milenio, ellas
* caminan (¡y hasta dan discursos políticos!) muy orondas con sus medias veladas, sus zapatos femeninos, sus faldas y su sexapeal,
* tienen pelo, tienen una boca muy “rouge”, tienen cuerpo y tienen mucho orgullo de ser mujeres,
* entendieron (hace muchoooo tiempo) que ser femenina y bella no es sinónimo de debilidad ni idiotez,
* saben que son mujeres y no andan por ahí tratando de imitar a los hombres,
* ¡tienen hijos! Hicieron muy bien otra revolución y esta vez –como en otras- consiguieron que el Estado les diera una manito: empresas como “Peugeut” ofrecen guarderías para que las mamás trabajadoras dejen a sus niños bien cuidados y no tengan que sacrificar su carrera. Las guarderías se los cuidan 10 horas y el Estado premia en los impuestos a estas empresas que apoyan la Conciliación Familiar. Y por supuesto, generan más trabajos porque alguien tiene que capacitarse y cuidar a estos hombres del mañana. Y a otros, les envian a casa a una persona para que se los cuide mientras tanto. El método es variado, flexible e inteligente. Le France es hoy el país europeo número uno en procreación con un promedio de dos a tres hijos por familia, mientras en Italia, el último del rating europeo, se persignan y hechan la bendición a ver si se le miden a uno, para que se los cuide"la mamma", por supuesto.
Daniela Violi – BCN 2007 ®

Mis post más visitados