Amor por los demás: la compasividad...

(Sin motivo más allá del sonoro, me gusta más decir COMPASiViDAD que COMPASiÓN)
Cuando hay un lugar atraviesa un momento de crisis, es decir, de desmorone-cambio, a uno no le resta más que preguntarse:
¿Qué se está haciendo mal para hacerlo diferente? y por supuesto, son muchas las cosas que salen a flote. Una de ellas es la falta de compasividad. Cuando vivía en el otro lado del charco, en Mundos que intentaban demostrarle a los otros que eran desarrollados, como una señorita con su menstruación, el tema me llamaba mucho la atención. Pero ahora en estos, los que le dicen a los otros lo bien desarrolladitos que son, más aun.

El otro día estaba en la Embajada (italiana, para no crear rumores) esperando para sacar un papel de esos caros. Mientras esperaba, mucha gente enfadada soplaba como un toro a mi alrededor. No es raro ver a un italiano furioso -Orlando empezó- pero estos lo estaban más. O yo que ya me había desacostumbrado pero tengo que reconocer que los veía en peor estado de "incazzamento" que nunca. Eran turistas que pasaban unos días en Barcelona y por andar de "Fendis", "Furlas", "Armanis" y "D&G" a la vista del antojado, los habían desplumado y habían quedado sin pasaporte ni demás papeles para subir al vuelo que los devolvería a la Bota.
Así que ellos esperaban al empleado oficial diplomático que del otro lado de la ventanilla los atendía. El señor tenía que recibir unos mails que a cada uno de los desplumados debía enviar su "Comune" -Ayuntamiento- para poder emitirles un documento provisional que les permitiera subir al avión. El mail de ninguno entraba y el empleado se giraba a revisar la pantalla de su computador cada pocos minutos y les hacía cara de "no hay nada acá".
La furia de los turistas era indescriptible y sumado a la cara de pocos amigos que tenían, me llamaba la atención los comentarios ácidos contra el pobre señor de la ventanilla que estaba haciendo su deber. ¡Cómo si el hombre hubiera sido el culpable de su insuceso o de los mails que no les llegaban! Los miré por largo rato y una palabra me retumbó en mi cabeza: piedad.

¿A dónde quedó relegada la actitud piadosa hacía el prójimo, esa que logra que yo salga de mi mismo y logre endender al otro?

¿A dónde se fue el sentimiento de compasividad que saca al individuo de ser el centro del universo a gravitar junto a los demás en armónica danza de compañerismo?

¿Por qué resulta tan complicado quedarse con la parte "humana" del otro, esa que la hace lo que realmente es: mi "hermano del alma"?

Atacar al prójimo, ponerle mala cara, juzgarlo, descalificarlo y comportarse de una manera borde no son precisamente fórmulas para lograr salir del fango sino más bien sirven para salpicarnos más...

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