Los complejos del Emperador complejo

Claudio era como un emperador romano: pedante, presuntuoso y todo lo quería en la inmediatez. Un emperador romano médico. ¡Qué el público se ponga de pie y aplauda! Los cinco días hábiles de la semana los pasaba en una ciudadela en los alrededores de Roma donde trabajaba en una clínica y el viernes por la noche, regresaba a La Eterna. Cada noche "entre semana" -contaba con cara de funeral él- la pasaba fatal. Se sentía tan solo y desolado... Una de esas noches, generalmente la del jueves, preparaba el terreno de su fin de semana. Llamaba a Adelita, la chica mexicana recién llegada que había conocido en una fiesta en casa de amigos. Le gustaba mucho Adelita, pero entre otras, le gustaba también porque sus circunstancias lo hacían sentir aun más emperador. Ella necesitada, él salvador. Así que el sábado por la noche la pasaba a recoger, siempre en rigurosa compañía de su prima Flaminia y el novio, tipo centuriones. Pero un día se sintió más seguro de sí mismo -porque a nadie le contaba el estado elevado de inseguridad que le acompañaban sus días- y decidió ir a casa de ella. Se autoinvitó, con esos modales que porterior a la caída del Imperio, importaron del norte los visigodos, y ella no encontró el espacio de silencio para decirle "no". Claudio llegó con la cara muy en alto y el cuerpo lleno de pelos y se sentó a comer junto a ella el helado que Adelita le había ofrecido. Y en medio de la bolita de chocolate, se abalanzó en picada mortal a los dulces labios de Adelita, que casi muere -además del susto- ahogada por el helado. Así sin más, sin preámbulo, sin método, sin poesía. A Adelita le supo a amargura ese beso, así que intentó quitárselo de encima. El forcejeo duró un buen rato, al punto que la pobre Adelita pensó que esa se estaba convirtiendo en la peor de sus pesadillas. Así que entre tanto pelo, sudor, jadeo y jaleo por parte del emperador, la chica decidió patearle la espinilla. Como su hermano Joselín le había enseñado. Golpe seco. Grito en increscendo. Cola entre las piernas. Deseo ahogado. Mujer enfurecida. Tirada de puerta. Otro capítulo grotesco en el CV emocional del emperador. Otro capítulo sin vislumbrar un príncipe para ella. Ya era costumbre. No pasó nada. La Vida sigue. A veces la Vida se repite y se repite... Fin de la escena.
Escuchando la historia recordé el chiste que echaba mi amigo Alexis en el colegio: "¿Cuál es la difercia entre violación y seducción?... ¡Paciencia!"

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