¡Qué elegancia, dijo Francia!!!

(AMOR POR LOS RITOS Y ALGUNOS DE SUS SÍMBOLOS)


Uno de los comentarios femeninos (y masculinos también) de los Latinoamericanos que vivimos fuera de Latinoamérica es: "¡...y llegué al Grado del Postgrado de mi amiga Marzia y yo era la única que estaba vestida para la ocasión. Los demás daban la impresión que iban a un partido de béisbol. Me sentí como mosca en leche pero considero que era correcto vestirse bonito para una ocasión tan especial"! Yo me adhiero.
Estoy repleta de anécdotas estéticas como esa que me han hecho cuestionar muchas cosas pero siempre llego a lo mismo: cada momento es diferente y amerita una "pinta" que vaya a tono con la ocasión.
Soy conciente que estos países han pasado por Revoluciones sociales que les pertenecen a ellos y que por globalización nos han tocado, pero no de frente; también sé que históricamente hablando han conquistado lugares, han exportado hábitos, protocolos, etiquetas y costumbres que después han intentado retirar cuando a ellos los retiraron pero ya no fue posible: ya estaban adheridas al ADN de los criollos.
Soy conciente que para ir vestido bonito a un bautizo hay que invertir un dinerillo extra y no siempre lo hay y también soy conciente que las vanidades, lujurias y superficialidades no le hacen bien al alma.

Dicho todo esto, tengo otras cosas por decir: de las revoluciones sociales a veces quedan comportamientos de rebelión tardía atascados, casi oxidados -tipo segunda adolescencia- como el escuchar en una persona de 55 años decir: "yo no uso corbata porque eso es..." o "no me pinto las uñas porque eso es de..." y llegar a una boda con zapatillas deportivas, eso sí, "Nike" de 150 euros. Casi como una burla al rito, una mofa a los organizadores del evento, un tener que llamar la atención porque "yo soy diferente", y claro está, perratearse la foto oficial.
El discurso de "a mis 55 siento la necesidad de demostrar que soy liberal, emancipado, adolescente, rebelde, que no me dejo y que hago lo que me de la gana" adquiere tonos de un Peter Pan panzón y medio calvo que lleva más de media vida quejándose de todo, pero proponiendo poco. También opino que vestirse bonito y acorde a una circunstancia no va ligado al dinero sino a la recursividad y al buen gusto. Cómprate un lindo vestido/traje negro/gris y cámbiale el collar o la corbata para la siguiente invitación o asiste a un mercadillo de intercambio.
Otra sensata posibilidad es prestarse cosas con amigos/as y así contribuír a fomentar los buenos hábitos que esta sociedad de consumo está pidiendo a gritos. Eso si, devuélvelos y devuélvelos en buen estado, por favor. Trata las cosas de los demás como si fueran tuyas. Promueve el comercio justo en todos sus posibles niveles. ¡"Sé tu el cambio que quieres ver en el mundo", decía Gandhi!
La cuestión es jugar. La fuente de la eterna juventud es la lúdica.¡Resulta divertido vestirse un día con elegancia y al día siguiente con informalidad! Esto no te vuelve ni disperso, ni vendido, ni inestable y muchos menos superficial, sólo te hace disfrutar más de la Vida y de tu cuerpo y desarrollar tu pensamiento divergente.
Encuentro monótono el que se queda anclado a un estilo único porque a la larga lo torna demasiado vulnerable al exterior por su predecibilidad. ¡Entre otras, que el monótono se apiade de los demás, nosotros los observadores que tenemos que mirarlo y mirarlo y seguirlo mirando siempre igual! ¡Peor que un mal programa de TV repetido que al final terminas por no verlo más porque se te hace invisible! ¡Ahora peor si siempre habla de lo mismo, cosa que suele suceder con mucha frecuencia: paro, gobierno, bancos, pensiones, hipotecas, mala pareja, responsabilidades, crisis, política, fútbol, bla-bla-bla! ¡Cambio de paisaje, por favor!
Por último, concluyo con el tema de los ritos. Sociológica, antropológica y otras mentes, parte de la crisis de nuestros días radica en la pérdida de los ritos: iniciar, abrir, celebrar, concluír, cerrar, despedir, mutar y transmutar. Todos estos movimientos vitales, antiguamente, iban acompañados de ritos que marcaban los pasos. Eso le daba a cada etapa una energía diferente y un significado trascendental que iba más allá de lo visible y tangible, aun más lejos de un acartonado y arcaico protocolo. Hacía poderoso cada momento de la Vida. El toque solemne en positivo porque no todo da lo mismo: no tenemos el mismo estado mental cuando vamos a hacer yoga que cuando asistimos a un partido de fútbol que cuando vamos a un funeral.
Hay que marcar las diferencias porque cada evento ocupa un lugar distinto dentro de nosotros y cada uno nos aporta algo. Esa frase justificante que dice que "lo que siento va por dentro y no tengo porque demostrarlo por fuera" le quita fuerza al ritual, minimizándolo, diluyéndolo. Hay que darle su justo valor y reconocimiento a la dimensión material mientras vivamos en ella, dentro de ella.

La vestimenta hace parte del ritual: los colores, las texturas, las formas, cómo nos hacen sentir, las diferentes posiciones que le proponen a nuestro cuerpo, las distintas percepciones que tenemos de él gracias a la ropa, le otorgan un simbolismo poderoso al templo del Alma, nuestro precioso cuerpo.

¡Así que a ponerse un lindo traje/vestido para la boda de los amigos Catalina y Herbert, porque simbólicamente, también contribuye a impregnar de fuerza y magia su evento y el acompañarlos físicamente en su celebración, amerita ponerse la corbata!
A jugar, a jugar, que el mundo no se va a acabar...

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