Celebrando el Amor Bonito

Edith y François se encontraron en un baile junto al Senna hace más de 45 años y superando a la mejor película cursi, se miraron, sonrieron, se pusieron a bailar y aun hoy lo siguen haciendo. Las tres cosas. Ella tauro empedernida, él aries inquieto. Del fuego y la tierra en justa medida, sale la Divina Proporción. Se casaron e inmediatamente fueron transladados a Roma por el trabajo que François hacía. Del Senna al Tevere y ahí, uno tras otro, nacieron sus cuatro hijos.
A François lo volvieron a transladar, esta vez a Colombia, y entonces del Tevere se fueron al Río Magdalena que olía a guayaba. Ambos perdieron la cabeza por el país y François movió sus hilos laborales para permanecer más de los dos períodos permitidos por la empresa en el mismo lugar. Su acento francés tomó dejos bogotanos y eso los hacía aun más encantadores para los amigos nuevos que se hacían. Esos amigos que son familia escogida.
¡Qué des-arraigue que fue partir de ahí!
Así que por si las moscas, dejaron a una hija viviendo en la Sabana para tener casa donde volver. Raíz protegida. Y de Colombia, el último translado fue a Montevideo. El Río Magdalena tomó tonalidades de Plata y ahí se quedaron los últimos tres años de carrera profesional de François. Unos meses antes de la jubilación, caminando en una de la Ramblas donde el Río ya es Mar, él le susurró dulcemente a ella: "Edith, tu siempre me has seguido amorosamente a donde yo he tenido que ir y ahora es tu turno. Escoge el lugar del mundo donde quieras estar ahora y yo te seguiré". A Edith se le salieron las lágrimas y durante días estuvo en actitud meditativa. Esperando la respuesta del Universo.
Al recoger por última vez sus petacas en Uruguay la señal ya había llegado: se irían a Montserrat, la montaña sagrada de Cataluña donde descansa el cuarto chakra de la Tierra, el del Amor. Ahí siguen ahora, cada uno haciendo sus cosas, desarrollando nuevos talentos, conociendo más sobre el origen de los números y las letras, y aprendiendo a hablar alemán para cantar mejor en el coro. Van y vienen visitando hijos esparcidos por el mundo y continuan haciéndole oda al Amor, al Amor Bonito, ese que es posible cuando los dos se siguen mirando...

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