Flaminia y su amor imposible porque a él le faltaba un apellido


Hight Society de Roma. Barrio Parioli. Siete generaciones sin moverse de la Eterna: familia eterna, petrificada, oxidada. "Puzza sotto il naso" que es la postura debida cuando uno pertenece a la crema y nata de un sitio: llevar la cabeza en alto con una exagerada inclinación de más en el mentón para que sea la nariz respingada o no, se alcancen a ver sus agujeros. Esa era la realidad y la postura que Flaminia Biaggiotti-de Santis seguía repitiendo de la misma manera que lo hicieron con la sonrisa congelada las siete mujeres que la antecedieron. Se codeaba con lo best-4-the-best de la ciudad y su vida consistía en asistir a brunchs, a cenas, a cocteles y embellecer los eventos con su linaje azul eterno, siempre hablando suavecito con una cadencia que hiciera pensar que no venía de Italia. Todos como ella, usaban sus dos rimbombantes apellidos reforzando así la costumbre usada solo por nobles en Italia para diferenciarse del resto de los mortales documentados que iban con el apellido del papá. Como si no tuvieran mamá que los hubiera parido. Flaminia -para el caso- había sido parida doblemente. Estudió algo sencillo para tener la certeza de distinguirse en algo y se fue a vivir al apartamento que sus padres le dieron para ser independiente. O parecer.

Pero Flaminia Biaggiotti-de Santis guardaba un secreto. El dinero conlleva secretos, básicamente porque hacer dinero y no perderlo ya es un gran secreto. La chica tenía un amante de nombre Pietro Rossi. Así a secas. El tipo era empleado bancario y vivía al otro extremo de la ciudad. Compartía piso con dos amigos y se habían conocido por casualidad una vez que ella tuvo una transacción errónea. La atracción fue mutua y de un caffé caldo pasaron a una calda storia d'amore Eran amantes porque no podían ser novios. Ella no aceptaba incluírlo en su realidad. No lograba ver su realidad con él aunque él ya hacía parte hacía más de dos años. Él le había propuesto mil posibilidades porque de verdad que quería estar con ella pero a ella nada le iba bien: todo le descuadraba el algoritmo perfecto que desde hacía siete generaciones marchaba a la perfección.

La historia no termina con final feliz. No es feliz un final donde dos que se aman no se juntan.
El amor requiere valentía y Flaminia Biaggiotti-se Santis -como sus siete anteriores mujeres- seguía tarareando canciones de amor desde su jaula de oro...

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