A la triste Mónica se la devora la obsesión

Mónica vivía casi siempre triste. Y esa tristeza hacía que atrajera hombres también tristes. Casi más tristes que ella y así los diálogos entre ellos se coloreaban de un gris infinito y a lo largo de las horas de triste compañía, ambos terminaban por concluír que la Vida era dura, cruel y pesada. La tristeza la curaban con sexo desmedido y como el sentimiento era profundo, múltiples las veces que ella acudía al remedio: a ver si por ese medio el Amor la llenaba y le hacía ver donde dormía su alma. Pero quedaba aun más vacía, y vacío sumado a vacío matemáticamente siempre dan por resultado un tremendo hueco. La Gran Depresión. Por supuesto que después de un corto período de extraerse energía mutua, esos hombres la dejaban porque ya no tenían nada más que succionarle y se iban. La abandonaban, decía ella sátura de victimismo cuando charlaba con su amiga Nuria. Así Mónica se achacaba otro motivo más para estar triste.

En uno de esos habituales estados densos de energía, Mónica atrajo a Dino que casualmente pasaba un mal momento en su vida porque se estaba dejando con su esposa y había salido corriendo de la casa de ambos. Se escapaba y pedía refugio. Mónica alquilaba una habitación en su casa, había colgado el cartelito en un gimnasio y Dino, desesparado buscando casa, lo había leído. Así llegó. Dentro de esos esquemas de fuga donde uno solo puede llegar a mal puerto. Mónica lo acogió y empezaron a hablar tanto que por meses no puedieron parar de hablar, de llorar y de tener sexo desmedido, por supuesto, a ver si a alguno de los dos se le llenaba algo.

Dino era diferente a los otros, suspiraba Mónica encantada: era apuesto, gentil, la comprendía, era galante y caballeroso, incapaz de hacerle un feo, atento y el factor más importante de toda la lista, le daba soluciones y estrategias vitales que a ella la ponían contenta. Resulta increíble ver cómo hay mujeres que se encantan con este perfil de hombre, como si fueran piezas de museo o bichos en extinción, cuando en realidad, es así que son los hombres de verdad-verdad. Aceptar otra tipología es quererse muy poco. Así que Mónica perdió la cabeza sin antes hacer el repaso a las teorías psicológicas que debía haber chequeado.

Cuando uno se mete con un "apenas separado" tiene dos opciones: una, no se involucra porque sale descabezado ya que el prospecto atraviesa un duelo maluco y no tiene ojos sino para la ex de la que forzosamente se está desvinculando o dos, se adhiere a la energía Divina del Amor incondicional y lo acompaña en el duelo para después dejarlo volar... No hay tres, él no se queda con la enfermera.
Dino que de bobo no tenía un pelo y tampoco de malo o aprovechado, notó a los pocos meses lo que estaba sucediendo y vió claro que tenía que tomar medidas al respecto. Mónica se estaba obsesionando con él y había empezado a hacer planes a largo plazo juntos y él solo sentía cariño por la chica. Él ya se sentía más fuerte y la tristeza se le estaba pasando. Dolía menos.
Así que el buen hombre sacó las cosas de la habitación de allado, su cuerpo de la de ella, sus pensamientos del lavabo y la moto del parking y se largó. Largo y lejos. No fue fácil que ella lo dejara ir. Le hizo mil juramentos de los cambios que haría, le prometió ir a terapia para superar su patológica tristeza y le juró amor eterno. Juramento de allá para acá y no en dirección contraria. Él tenía muy claro el panorama y una vez ido, se fue.
Mónica comenzó a llamarlo de manera compulsiva varias veces al día conciente que él no quería responderle, y aun cuando él le escribía un SMS desesperado después de 18 timbrazos con "estoy dentro del cine" ella continuaba a marcar como si jamás hubiera estado dentro de una sala de cine. Meses después, en un café, Dino se reunió con ella por decoro y humanidad, para contarle que estaba con otra a ver si lograba tomar un poco más de aire; en represalia ella decidió escribirle WhatsApps a las once de la noche cuando sabía que los otros dos estaban juntos y Dino se ahogaba por dentro.

Decidió a toda costa joderle cualquier relación que tuviera porque él tenía que ser de ella. Menos mal que las Voluntades son individuales y Dino alargó el brazo para no dejarla acercar más. Ella lo sigue buscando como una obsesa a través de las redes sociales, de las frases conmovedoras que le envía, de finjir demencia, de volver a aparecer como si fuera la primera vez, de chantajearlo diciendo que solo quiere ser su amiga y hacerse amiga de la nueva pareja, de mudarse cerca de donde él vive ahora, de preocuparse por sus proyectos laborales, de lo que sea.
Dino le está agradecido por los días de socorro y mucho se lo agradeció pero él ya no está triste. Ella cada vez lo está mas, y solo ese hecho, nos los hace compatibles...

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