Doña Blanquita la de los tintos...

 
Se le rinde hoy homenaje a doña Blanquita, la señora de los tintos.
En Colombia al café se le dice tinto, y al tinto, vino rojo. Nos gusta la precisión de conceptos a veces en Colombia. También nos gustan mucho los tintos. Por algo producimos el más perfumado de todos, para olerlo y deleitarnos inmersos en su aroma todo el día. Oficina que se respete huele a tinto. El ascensor se abre y automáticamente uno queda impregnado del sublime aroma que se encarga de liberar dentro del cerebro del recién llegado las sustancias que le dan ganas de ponerse en movimiento. Esto es, las ganas de ponerse a hacer algo, así sea trabajar. Cafeína en estado semi-puro.

En Colombia nada de salir a media mañana en busca de un café: el café está con uno desde que empieza el día y los despachos y oficinas se lo ofrecen tanto a sus trabajadores como visitantes, lo que hace también que el colombiano sea un simpático y educado anfitrión que mima al que llega de la calle con un delicioso tinto. "Tomémonos un tinto, seamos amigos" llega a decir el logo de una empresa de café oficializando la cuestión protocolaria.

Así que en Colombia también hay una "doña" en cada oficina que se encarga del tema: "La señora de los tintos", porque si la hay de las especias, pues también la hay de los tintos. Ficha clave en una empresa, mezcla ecléctica de ama de llaves, corresponsal de chismes, asesora espiritual y asistente de todo el mundo. La señora de los tintos está en todo pero se escuda en el no estar en nada. Sólo en ofrecer tintos. Es así como la gentil dama se convierte en la consejera de cabecera de la que se está separando y la alcahueta del que se está levantado a la secretaria. Es Celestina y Hada Madrina de amores emergentes y abogada litigante de las causas perdidas de los más desdichados. Ella no tiene preferencias de género lo que la convierte en algo así como la Suiza de la empresa: el tribunal que ejerce el arbitraje en las comunicaciones internas.  Ella todo lo sabe: sabe quien está peleando, quien está haciendo trampa, quien roba y quien le coquetea a quien; quien se pinta las uñas cuando debería atender a un cliente, quien está pasando CV en otros sitios, quien tiene mozo y llegó con la misma ropa del día anterior y quien amaneció con la malparidez cósmica. Ella todo lo sabe y todo, absolutamente todo, lo sana con un buen tinto. Si la cosa se pone grave y la cafeína no lo cura, acude a las grandes ligas y entonces ofrece una aromática, la "agüita aromática" o tisana que evidentemente, todo lo sana. "Sana que sana culito de rana, si no sana hoy sanará mañana"...
Doña Blanquita que mi Dios le pague todas sus atenciones y que el Cielo me la colme de bendiciones, sumercé. No sabe usté cuanto la extraño ahora que vivo en Europa. La extraño casi cuanto extraño a mi familia. Su entrada en medio de un comité editorial, su mano extrendida apoyando el tinto en la mesa y su mirada cómplice me dieron instantes de sosiego y eternidad.
Acá doña Blanquita, en una reunión -ya se imaginará- no le ofrecen a uno ni un tinto...

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