Lucero, lo máximo y la otra


Lucero conoció a Máximo y cuando lo vió, le pareció lo máximo. Él se llenó de luz y nunca más pudo apartar sus ojos de ella. Se enamoró perdida e irremediablemente de su brillo interior que se desparramaba hacía el exterior. Estuvieron así por mucho tiempo, -teniendo en cuenta que el tiempo es un estado mental- en ires y venires, porque Máximo vivía del lado opuesto del charco y solía saltar con un pie de acá para allá y allá para acá según las exigencias del trabajo. Hay gente como Máximo que achaca al trabajo y al alto cargo su incapacidad de quedarse quieto y saciado y el alto sueldo que recibe salda la justificación. Algunos llaman a esto "tener éxito".

Lucero comenzó a darse cuenta después de varios encuentros que Máximo no era lo máximo especialmente porque -contrario a lo que él le había dicho- ella no era su único Lucero. Resulta que del otro lado del charco había otra estrella titilando. Máximo le justificó de todas las maneras posibles la existencia de esa estrella oscura diciendo que no era capaz de dejarla porque ella le había dedicado sus mejores años.

Lucero tenía claro que debía dejarlo pero como era tan máximo, no hallaba los justificantes apropiados para hacerlo de manera tajante. Cuando a una chica le endulzan el oído, cuesta un poco sacar la miel del conducto auditivo. Pero Lucero lo logró, por supuesto de manera tajante, el día que vió la foto de la estrella oscura. La detalló por varios minutos en el album de FaceBook de Máximo. No había tag con su nombre pero Lucero sabía que ella era.
Y fue así como ese día, la maravillosa Lucerito entendió porque ella no podía ser la compañera de Máximo sino aquella otra estrella oscura. Definitivamente no era su tipo. ¡Era demasiado bella y alegre para el chico!

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