El amor mal jugado tipo mito de Sísifo



¿Cúantas veces puede un corazón enamorarse?
Yo creo que algunas. Muchas veces ya es vicio.
Cada uno sabe cuales son sus niveles óptimos interiores. Respuesta personal e intransferible. Cada uno sabe cuando lo está haciendo bien y cuando se la está pifiando, sabe cuando le quedaron debiendo y cuando se le fue la mano, pero sobretodo, cuando se atoró, se atascó, se paralizó, "repitió demasiadas materias y perdió el año".

En el alba del tercer milenio es común ver gente que cambia de amor como cambia de pantalones y para los adentros, uno de espectador se pregunta: ¿Pero se enamoran? Haciendo un paneo rápido a los casos que nos rodean, yo diría que no es que no se enamoren pero sí, que se enamoran de manera confusa. Básicamente esto quiere decir que esa persona en cuestión mete todo en la relación, menos el corazón. Mete sexo, mete plata, mete cuento, mete networking, mete palabras, mete familia, mete proyectos, mete regalos, mete secretos, mete frustaciones, mete naipes con castillos incluídos, pero no mete lo que es fundamental meter: amor. Confunde amor con otras experiencias y forza a ver si le sale magia por algún lado...

Avoco al término coloquial de amor verdadero para anteponerme al otro, amor falso, que es el mix de la lista anterior: meter todo menos alma. El amor verdadero está fundamentado en el alma, que para el caso, sería el todo. Amor holístico, integral, coherente, que abarca todos los aspectos de la vida y del ser. Algo así como la rosca de las 12 casas de la carta astral. Nada queda por fuera. Es una apuesta total, casi de vida o muerte. Mantener el amor con vida o matar un amor, como se mata a un ruiseñor...

No creo que esté más entrenado para el amor el que ha tenido muchas historias si no ha sacado aprendizaje de estas, es decir, si no ha sido capaz de re-construír desde la re-invención para hacerse mejor persona. Por el contrario, está más vacío, quemado, des-ilusionado. Ha jugado con candela sin saber que la candela quema. No re-inventar-se quiere decir volver a hacer las cosas de la misma manera, o sea, recorrer el mismo camino como lo recorre un burro. Si se lo alteran, se pierde. Ser el mismo a veces es piropo y otras, condena. No hay que quedarse igual, hay que mejorar.
El peligro de repetir muchas veces el sistema de atajos, es que el camino central se aleja...

Un amor no vive de pruebitas, ni de experimentos y mucho menos, de mediocridad. No puede ser tacaño, ni comedido, ni contenido, ni repetitivo, ni craneado. No puede tener fecha de vencimiento aun cuando humanamente sepamos que todo tiene un fin. Acabará, pero en el presente se vive desde la eternidad. Una relación no puede parecerse a la anterior y mucho menos ser peor, y creo, es este uno de los casos vitales en los que más se nos exige aplicar la creatividad, innata en todo el mundo, por si quedaran dudas. Todo el mundo puede ser creativo si deja el miedo a un lado. Miedo al fracaso, al que dirán, a ser visto, a parecer bobo, a parecer pedante, a ser muy bueno, a ser muy malo, a vivir y sobretodo, a conocerse. Cuando uno se conoce, sombra incluída, la creatividad fluye... Hay un buen chute de creatividad en el adn de todos.

Muchos amores mueren de tedio cuando uno o los dos integrantes de una historia no se responsabilizan de sus actos y decisiones. Echarle la culpa al otro, más allá de no ser un acto amoroso, es irresponsable. Irresponsable en la medida en que le estoy otorgando al compañero amoroso toda la responsabilidad de mi vida, diversión incluida. Si yo me divierto solo/a puedo contagiar al prójimo de esa diversión, o no. Excelente cuando la sinergia se hace bilateral. ¡Eureka! Es ahí donde uno corrobora como pareja que sí había Tierra Prometida. El amor requiere un trabajo creativo de ambas partes donde como bien lo dice la metáfora, cada uno le mete alma, vida y sombrero. Me divierto acá pensando que el dicho hace alusión al sombrero del mago, ese de donde salen muchas sorpresas fascinantes después de los conejos.
Cuando uno de los dos frena el proceso de re-invención, la sinergia se deshace y es cuando el otro se da cuenta que está jugando solo. Se esfumó la pareja.



Cuando uno no le mete alma, vida y sombrero, cada relación se vuelve una copia del mito de Sísifo que subía tremenda piedra por una montaña y cuando estaba a un cachito de llegar, se le rodaba cuesta abajo y tenía que volver a empezar. Me opongo a Albert Camus que describe esto como muestra de la irracionalidad de la vida y la soportación que hay que tener a las circunstancias. Me niego a aceptar la existencia de un Zeus furioso que se regocija del sufrimiento de Sísifo. Prefiero creer que en su trono, Zeus solo espera ver que Sísifo haga algo diferente con la piedra... Los dioses que nos inducen a utilizar una de las armas más poderosas que ellos mismos nos han concedido: la creatividad. Sospecho que las preguntas de Zeus serían:
¿Qué estás creando tú?
¿Estás haciendo uso de todos tus talentos?

Recurro al caso de Jorge, un Peter Pan camufado de hombre que cada tres años se busca una piedra diferente para subir. Tiene un saco lleno de ellas desde su adolescencia. Se topa de la misma manera con sus piedras, que se transforman en mujeres, enamorándolas con las mismas armas de seducción, enterneciéndolas e involucrándolas en su condena. Más que Peter Pan es un Capitán Garfio que aruña a cada mujer antes de soltarla en la cima de la montaña y dejarla rodar. Y rápidamente vuelve a empezar borrando todo rastro de la anterior, recuerdos y tags de FaceBook incluídos y parte de cero. Cambia de peinado, de preelaciones, de creencias, de sitios a los que va, de amigos, de ciudad, de país, de idioma... pero no puede cambiar de manera de amar porque no se ama y el tedio interno se lo devora. A cada piedra de turno le achaca las culpas de sus desgracias y en vez de entrenar y expandir su corazón con amor y creatividad, lo desgasta, lo vacía, lo mata... Cada tres años le pide excusas a la piedra de hace seis que regresa ahora con un queloide nuevo, recuerdo del rasguño que él le metió allá arriba en lo alto.

El que ama, gana. Gana vida, gana alegría pero sobretodo, gana porque le da la gana.
Hacer que cada día nuestro sea mejor que el anterior requiere de mucha voluntad y esto incluye a todas las partes de nuestra existencia además de la de la pareja. Cada relación es un desafío personal y una oportunidad de aprender y re-crearse. Cada vez que amamos nos re-inventamos pero esto solo sucede si somos capaces de reconocer el síndrome, sombra, algoritmo repetido o loop que hemos trazado de manera conciente o inconciente alejándonos del camino para recorrer atajos y tomamos la decisión de no serle más fiel. Es una de las pocas traiciones permitidas.


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