Saca el cinismo de tu vida y limítate a decir lo que sientes


Cuando nacemos o vivimos por mucho tiempo en un lugar,  empezamos a usar mecánicamente frases y expresiones porque todo el mundo las usa y a nosotros se nos pegan y no nos detenemos a analizar su verdadero significado.
¿Te son comunes estas frases?

1. ¡Cuidado invitan!
2. ¡Tan ingrato, no me llevaste!
3. ¡Ahora te crees de mejor familia!

Nuestra cultura latina tiende muchas veces a no ser directa y refugiarse en la ironía, el chistecito flojo y el "vainazo" para decir las cosas que queremos decir. Esto genera un juego de poderes desgastante, pero sobre todo interrumpe el fluido en la comunicación entre dos personas porque no prevalece la honestidad, el respeto y la claridad.

Si vas a comenzar una nueva relación - y no solo me refiero a pareja sino también a relaciones de amistad y trabajo - encárgate de que sea maravillosa y sana desde el principio: habla desde el corazón y no desde las víceras. Sin faltar el respeto a nadie, sin subir la voz, sin decir groserías ni descalificar, di lo que sientes. Es legítimo hacerlo y el otro ya verá que hace con eso que está recibiendo.
Si es un ser maduro y sano emocionalmente, lo valorará y podrá encararlo usándolo a su favor; si no lo es ya verás con claridad y paz que esa sinergia no resultaba beneficiosa para ti.



Las tres frases anteriores entonces podrían ser:
1. "Me sentí excluido del plan que ustedes hicieron. Me gustaría que me incluyeran la próxima vez".

Esto teniendo en cuenta que nadie tiene la obligación ni el compromiso de hacerle invitaciones al prójimo y que muchas veces uno no cuadra en un plan. El gran error es suponer, imaginarse, especular, divagar porque la fantasía no tiene límites y uno puede llegar a crear toda una película digna de Óscar. El ideal es, con una entonación agradable y sin poner cara de víctima o Hulk, conversarlo. Resulta un buen momento para mirar-se y analizar si uno tiene una postura pegajosa e invasiva con los demás o si realmente deseo andar con esas personas que no cuentan conmigo y yo estoy consumiéndome forzando la relación. Es clave decifrar en qué posición está uno con respecto al otro: si de verdad cuenta con la amistad que tenemos o si es tiempo de retirarse con educación, cariño y respeto. ¡Pero irse!

"Un domingo, mis amigos armaron un paseo sin mi. Me llamó la atención que nadie respondía a los WhatsApp que yo enviaba. Al día siguiente me enteré que se habían ido al mar y no me habían convidado por unas fotos que uno de ellos subió a FaceBook. No me enfadé con ellos porque ese día me tocó reconocerme que era yo el que les estaba mendigando amistad hacía tiempo. No los volví a buscar, me sentí solo por un tiempo pero ahora he vuelto a reconstruir mi vida social y tengo que reconocer que es de mejor calidad".
Miguel, 45 años

2.  "Me habría gustado que me llevaras a ... Disfruto mucho haciendo planes contigo".

La palabra "ingratitud" refleja enorme amargura. Decirle a alguien que es "un ingrato" es un juicio de valor muy pesado. La ingratitud es lo opuesto al agradecimiento y esto conduce implícitamente a exigirle al prójimo que nos responda dándonos algo porque nosotros ya le hemos dado. Es una factura emocional. Vivir esperando que el otro me retribuya mis invitaciones, como se decía antes "devolver atenciones", es una actitud interesada.

"Hace poco me encontré en un aeropuerto con un tipo con el que salí por unos meses y después, sin decir nada, desapareció. Nos saludamos cortésmente y después de unas preguntas de rigor, saqué coraje y le pregunté porque había desaparecido de esa manera. Para mi sorpresa, me confesó que no podía más con mis "indirectazos", "puyas" y "vainazos". Dijo que le costaba comunicar de esa manera y que yo parecía un juez reclamando siempre algo. Me dolió pero le agradecí porque antes, nadie se había tomado la molestia de decírmelo".
Laura, 47 años

3. "Últimamente no te reconozco en tus acciones y me siento como un desconocido".

La gente cambia de la misma manera que uno lo hace. No podemos estar todo el tiempo exigiéndole a los demás explicaciones de lo que hacen y dejan de hacer. En la impecabilidad de los actos es que uno conoce al prójimo y el ideal es rodearse de gente clara, transparente y honesta. Lo bonito de las relaciones es que muchas veces, cuando un amigo nos hace un comentario de nuestra distancia, tomamos conciencia de lo mucho que lo queremos y de que no queremos perderlo. Otras veces, tenemos que decirle la verdad cuando nos la está preguntando y esa verdad es que por distintas circunstancias, ya no queremos andar con él. Habría que responder con la verdad, con profundo respeto y sin dosis alguna de soberbia.
Cuando uno ya no ama a alguien debe liberarlo dejándolo ir  de la misma manera que cuando se sabe no amado, debe decirle adiós. De la manera más impecable posible.

"Me alejé de una amiga sin decirle nada. Desde hacía tiempo me venían aburriendo sus historias y ya no me identificaba con sus valores ni manera de ver la vida. Un día llegó a mi casa de sorpresa y me preguntó qué había hecho mal para que yo no le hablara más. Se notaba que de verdad me había extrañado y yo entendí que tendría que haber hablado con ella en vez de ignorarla".
Carla, 38 años  


¿Y tú? ¿Eres frentero o vas por los laditos? 
Cuéntame tu anécdota: danivioli@gmail.com

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