¿Qué te está tratando de decir tu pareja cuando te reclama que "te quedaste"?


Una de las quejas más comunes con las que me encontré realizando las entrevistas de amor fue "ella se enloqueció y se metió en cosas raras" o "él se quedó y ya no tenemos de que hablar". El reclamo lo escuché de ambas partes y sin llegar a generalizaciones, tengo que reconocer que la primera frase me la decían muchos de ellos y la segunda, muchas de ellas.
¿Qué estaba sucediendo dentro de la pareja? Qué ya no tenían puntos de unión y que lo que los juntaba antes, ya no funcionaba. Una de las dos partes de la pareja estaba explorando territorios nuevos de la vida mientras el otro se oponía y no quería hacerlo. La brecha entre ambos crecía y enconces, dejaban de verse y comunicar...
Cuando una pareja se conoce desde muy joven y pasan los años, pasan muchas otras cosas en la vida de cada uno y es normal que internamente se vayan teniendo cambios de gustos, actitudes, creencias y demás... Si no se trabaja la sincronía de pareja - y esto sucede también con la amistad - es fácil predecir el futuro: los caminos se separarán. Para mantenerse juntos hay que querer estar juntos y en parte esto se logra explorando en compañía. No es que uno deba hacerlo todo con el otro ni diluírse y perderse en la pareja, pero definitivamente, si cada uno va por su lado, el río que separa esos dos lados se hará océano.
Cuando dos personas se conocen ya "hechos" el tema también es complejo porque cada uno llega a la relación creyéndose muy seguro y estructurado en su sistema de creencias y en su estilo de vida. Sincronizar ahí los caminos también resulta un ejercicio bien interesante y requiere mucha flexibilidad y apertura mental de ambas partes.

Casos de vida:
"Cuando me enamoré de Mary era una persona dulce y tímida. Hace dos años entró en un grupo de teatro donde trabajan la expresión y la espontaneidad y ahora no la reconozco. Es otra persona y me gustaba más la de antes." Carlos, 39 años

"Estoy con mi marido hace 20 años. Yo no soy creyente y él tampoco lo era. Pero cuando nos transladaron a otra ciudad, él empezó a ir a una iglesia cristiana porque decía que se sentía deprimido. Se hizo cada vez más asiduo al punto que ahora, es una de las personas más activas dentro de esa comunidad. Me reclama que no comparto con ese mundo con él y la verdad, yo no me siento atraída por eso. Soy conciente que esto nos está separando". Laura, 46 años

"Clara y yo nos conocimos en una fiesta. Ella era un cascabel de alegría: le encantaba consumir alcohol, fumaba y bailaba hasta altas horas de la madrugada. ¡Me parecía la persona más divertida del mundo! Después llegaron nuestros dos hijos y cuando se hicieron un poco más grandes, ella empezó a practicar yoga. Asiste a retiros, medita cada mañana y ya no ingiere una gota de licor. No la reconozco, siento que se enloqueció". Raul, 42 años

"Cuando Francisco y yo nos enamoramos, él era un gordito intelectual discreto y tranquilo. Tiempo después, el médico le dijo que tenía el colesterol muy alto y que si no hacía ejercicio le podía dar un infarto. Mi pareja se convirtió en un deportista empedernido y se enfada porque yo no me pongo a hacer deporte con él. Me parece exagerado lo que hace y temo que si las cosas siguen así, me va a dejar por otra del gym". Estefanía, 50 años



Cuando uno tiene una vida plana y no lo sabe
Este es un mal generalizado y basta oír la conversación entre dos personas para darse cuenta que es así: la mayor parte de la gente habla de temas logísticos. Se vantan de decir que tienen los pies en la tierra, que son "realistas" y todo lo que salga del espectro material lo menosprecian y llaman "idealismo" o "esoterismo". Así pues, sus conversaciones giran en torno a temas que ellos consideran "serios" y que saben manejar muy bien:
1. Fútbol u otro deporte
2. Política, Estado y Legislación
3. Crisis del país y del mundo
4. Paro, trabajo precario, jubilación, injusticia del sistema y corruptos en el poder
5.  Finanzas, inversiones, negocios, pérdidas y ganancias
6. Salud, enfermedad, miles de anécdotas negativas y casos dramáticos
7. Hijos, crianza, colegio, fallos del sistema educativo, estrés y agotamiento
8. Coches, motos, aviones, misiles, naves...
9. Superioridad de un género con respecto al otro, sexo y escatología

Por supuesto que todos esos temas hacen parte de la vida y hay que adentrarse en cada uno de ellos, analizarlos, conocerlos, tener una postura propia y estar actualizado. Eso se llama "estar en el mundo" y una parte importante de nuestra sobre-vivencia depende de ellos. Pero son solo una parte del mundo y cuando uno está todo el tiempo ahí, tiene una existencia fragmentada y limitada, para el caso, auto-limitada porque el límite se lo puso uno.

Las conversaciones logísticas son necesarias: ¿Qué haremos?, ¿cuándo lo haremos?, ¿vale la pena hacerlo?, ¿con quién lo haremos" pero dedicarle todo el tiempo a planificar, ordenar, organizar y analizar resulta extenuante... además que nos atrofian centros neurálgicos del cerebro que resultaría sano (y divertido) desarrollar...
Ahí radica uno de los puntos trascendentales del asunto: el pensamiendo lógico, el análisis, la resolución de problemas, los cálculos matemáticos, las estadísticas, la racionalización y corroboración de una percepción, la necesidad de categorizar y el "como" se dan los procesos pertenecen al hemisferio izquierdo del cerebro. Cuando una persona fundamenta su vida en este lado, acaba agotado, extenuado, estresando y por supuesto, aburrido. ¡Tiene toda la otra mitad de su estructura cerebral sin usar! Le falta equilibrio porque ha sub-valorado y relegado a un segundo plano al hemisferio derecho.

Cuando uno hace uso de ambas partes - cada una en justa medida en el momento correcto - tiene altísimas posibilidades de construir una vida más plena, coherente y rica.

Conectamos con la parte derecha cuando disfrutamos del silencio, cuando cada poro de nuestra piel disfruta del baño de agua tibia, cuando jugamos a la pelota, cuando nos miramos, cuando nos fundimos con el canto de un pájaro, cuando nos morimos de la risa, cuando nos sentimos extasiados ante la fuerza de la vida, cuando nos hacemos pincel y nos deslizamos haciéndonos azul, cuando nos metemos en una burbuja sin tiempo, o en la de amor, cuando nos salimos del cuerpo y nos hacemos del tamaño del mundo, cuando se nos quiebra la voz diciéndole a un amigo cuanto valoramos su compañía, cuando tarareamos una canción de adolescencia o componemos una sin saber de donde nos salen las ideas, cuando mecemos a un bebé, cuando nos fundimos en un abrazo y no pensamos, cuando sospechamos que de nuestra espalda pueden salir alas, cuando integramos, cuando imaginamos...

Si no están presentes algunas de las anteriores vivencias en la vida de alguien refleja la desconexión entre sus dos hemisferios cerebrales y por lo tanto, el descuido hacia su crecimiento integral. Es ahí donde posiblemente nuestra pareja nos puede hacer el reclamo de "te has vuelto una persona aburrida y plana".  Con la mano en el corazón - y no en el cerebro racional - valdría la pena preguntarse y responderse en intimidad:
¿Estoy viviendo con pasión? 
¿A dónde se me fue la pasión?

Y ante la inminente y evidente respuesta, tomar con una sonrisa la decisión más trascendental: abrirse al mundo, decir más SI y menos NO y jugar, ponerse a jugar.

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