No eres tú, soy yo. ¡Échame la culpa a mi!

¡Quién sabe cuál fue el primer "poeta" que utilizó esta frase para salir bien aireado de una relación que sin darnos cuenta, se volvió una de las excusas más usadas a la hora de quitarse de encima a alguien! En un primer momento - o cuando se usa por primera vez -  puede parecer considerada, empática y expresada desde el corazón. Pero escrutando un poquito más realmente resulta ser todo lo contrario: es cobarde, falsa, acartonada y emparapetada.
¡Claro que eres tú, ...y también yo!
Somos los dos porque una relación está - en términos monógamos - conformada por un dueto y la inherente sinergia que viene de esa unión. Así que decir que es solo de una de sus partes ya es absurdo. ¿Y la otra mitad qué?

Pregunté entre usuarios de la frase y me compartieron esto:

"Yo la uso cuando no sé que decir. Ella es buena gente, bonita, me quiere pero sencillamente no quiero seguir con esa relación". Ramiro, 50 años

"No quiero herir a la persona y prefiero echarme la culpa para que se sienta más tranquila". Emma, 39 años

"Cuando yo decido que dejo a mi pareja, ya lo tengo muy decidido porque llevo tiempo pensándolo. Así que solo se lo informo y uso esta frase para intentar que ella se enfade lo menos posible. ¿Qué culpa tengo yo que me aburro de una relación?" Jorge, 40 años 

Después, busqué a personas a las que le habían dedicado la frase y me dieron estas respuestas:

" Es una frase que se usa cuando uno de los dos se generó en el otro más expectativas de las reales". Javier, 36 años

"Es una forma delicada de cortar una relación pero que no explica nada". Roberto, 37 años

"Yo tengo un caso donde fue verdad: ella estaba muy mal y le pidió a él un tiempo. Cuando volvió él ya estaba con otra". Paula, 42 años

"Es una frase cobarde de alguien que no es capaz de reconocer que se desenamoró de la pareja o que tiene a alguien más". Esther, 42 años

"Está hecha para quedar bien con el otro ante la sociedad cuando en realidad le tiene sin cuidado ese compañero que deja. Se usa para limpiar algo que genera culpa porque sabe que no lo resolvió por donde tenía que hacerlo". Roxana, 38 años

"La frase se parece a la otra "no vamos a la misma velocidad". Se utilizan cuando uno de los dos integrantes de la pareja no tiene el coraje y la honestidad de decir lo que realmente está pasando, que por ejemplo puede ser que se desencantó, se le acabó el amor o conoció a otra persona". Eduardo, 45 años

"Es tremendamente egoista: la persona se echa toda la culpa del fracaso y toma la decisión sin darle espacio al otro de opinar, negociar o re-construir la relación". Claudia, 44 años

El que deja con una frase hecha
Si algo queda claro es que no es una frase enriquecedora y que aporte algo positivo. Deja mucha rabia, confusión y da pie a que se desvanezca la amistad, confianza y respeto que los unía como pareja.
Al no enfrentar la verdad no queda ningún tipo de aprendizaje: solo mirando de frente a esa verdad puedo descubrir o destapar cosas mias que no había visto. Pero la pareja con la cual se compartió aparentemente tanto, ni siquiera se tomó la molestia de hablar desde el corazón para finalizar un capítulo importante. Sólo quiso quedar bien y salir bien librado. Ni siquiera dió espacio para debatir porque la reflexión la venía tomando desde hacía tiempo. Mientras uno miraba al otro con buenos ojos, a ese otro se le iba oscureciendo la mirada.
Toda historia de amor tendría que ser un capítulo de crecimiento basado en el respeto.

Bien valdría la pena, por los buenos tiempos vividos y el amor que el otro nos compartió, darse un espacio para hablar desde el corazón; así ya hayan pasado unos años, el otro tiene derecho a la verdad. La prueba inminente está en esa sensación que acompaña al que evadió a través de una frase postiza de "deberle algo al otro". Le debe la verdad. Hay muchos testimonios de lo bien que sienta tiempo después sentarse con el otro y decirle lo que internamente - y puede que también externamente - le sucedió.

Al que le entregan una frase hecha
No es fácil ser el que está en el otro lado: al que "echan". La mayoría de la gente que ha estado en esta posición confiesa que la experiencia les resultó muy dolorosa. Cuando notamos que alguien no nos quiere hablar desde la verdad y la honestidad es mejor tomar distancia y protegerse: aunque fue nuestro amor ya se le acabó el amor y sus palabras pueden ser todavía más hirientes si no me protejo porque no están dichas desde lo profundo del corazón sino desde la razón. Están pensadas, programadas, calculadas...

"Una ruptura duele de todas formas así que prefiero que el dolor provenga de la verdad y no de la mentira. Opto porque me diga que ya no me ama a que me tome del pelo diciendo que "él no está bien" cuando yo sé que no lo está". Sonia, 45 años

Es clave trabajarle al "niño interior" que habita en cada uno para no conectar con el "niño herido", ese que se las arregla para encontrar entre sus recuerdos ancentrales los dolores de abandono que estaban enterrados para entonces compadecerse, victimizarse, suplicar y pisotear su amor propio. Es vital convenserse que no hay abandono porque siempre, cuando uno se mira con buenos ojos, logra saber cuando es hora de irse, de cerrar, agradecer y seguir. En una relación son dos los componentes así que cuando uno decide marcharse, el otro debe decidir soltar. A esto se llega cuando el amor por uno mismo es grande y sano.
No solo hay que estar muy atento a no caer en la posición de víctima y "pobrecito yo" sino tampoco en la del perseguidor que a toda costa exige una explicación. El otro no está dispuesto a darla así que presionando, solo empeorarán las cosas y el trabajo que tendrá que hacerse en términos de dignidad y auto-valoración será aún más grande. Simbólicamente es menester "devolver" la frase porque si no es con verdad, no hay diálogo ni respeto.

"¡No eres tú, soy yo! ¡Échame la culpa a mi!", es una frase válida sólo para bailar, reir y cantar la canción de Demi Lobato y Luis Fonsi. Para desbaratar una relación, mejor una frase que nazca del corazón. 



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